lunes, 19 de septiembre de 2016

Carta abierta a los docentes de educación de adultos

Estimado compañero/a:

Se inicia mañana un nuevo curso y seguro que estarás algo nervioso/a por conocer a tus nuevos alumnos. Es posible incluso que hayas preparado las primeras clases o que tengas a punto los libros de texto y las actividades que vas a desarrollar. O tal vez no hayas hecho nada de esto. Sea como sea, aprovecha este curso para superarte como docente. ¡Venga, lánzate a probar cosas diferentes! Prueba a innovar tus clases. Y no me refiero a usar tal o cual aplicación informática, ni a emplear la última metodología difundida por el gurú de turno. No, no va de eso la cosa. Se trata de buscar nuevas respuestas a las (nuevas o viejas) preguntas que nos está lanzando nuestro alumnado en esta nueva sociedad del conocimiento.

Y es que de un tiempo a esta parte, la innovación educativa se ha convertido en el tema de moda en todas las etapas del sistema educativo. Para muchos, es la última pieza del rompecabezas, el eslabón perdido de la educación, aquello que completa y entierra modelos viejunos, los que remiten a necesidades formativas y sociales ya obsoletas. ¡Si hasta tiene su propio reality!

Exageraciones aparte, cierto es que la innovación educativa da para hablar muy mucho. Hay encendidos debates en las redes sociales, en los claustros se producen tensiones entre partidarios y detractores. Pero no estoy aquí para echar más leña al fuego, sino para reivindicar la innovación en el contexto de la educación de adultos. Porque es en este ámbito dónde la palabra innovación cobra mayor significado Y sí, os voy a explicar por qué... ahora mismo.

¿Qué pasa? ¿Que en los centros de personas adultas vivimos al margen de la educación? Según en qué aspectos, debería contestar que sí. Pero en innovación educativa, la formación de adultos ha demostrado valentía y creatividad (al menos) en la misma cuantía que cualquier otra etapa educativa. Así pues, los centros de adultos han demostrado mediante innumerables buenas prácticas que pueden convertirse en espacios de aprendizaje creativos y sugerentes. Centros educativos al servicio de su alumnado donde el conocimiento, la orientación y el acompañamiento van de la mano de propuestas de aprendizaje ricas y originales. Por todo esto, te animo a que este curso contribuyas en la medida de lo posible a que tu escuela sea uno de esos espacios.

Además, los centros de adultos cuentan con un aspecto diferencial respecto a otras etapas educativas: un alumnado con amplia experiencia y, en muchas ocasiones, con conocimientos vastísimos sobre múltiples ámbitos de la vida. En este sentido, uno de los grandes retos de nuestro programa de innovación particular puede centrarse en cómo aprovechar esas increibles y diversas mochilas de experiencia para integrarlas en nuestras clases y proyectos.

Así, debemos convertir esta experiencia y disparidad en reconocimiento, apostando por una innovación educativa con el alumno. Si aceptamos la idiosincrasia de todos y cada uno de nuestros alumnos, si trabajamos con metodologías coherentes que tengan en cuenta su realidad, crearemos un espacio cercano y respetuoso con la singularidad. Otro reto, pues, de los profesores como tú es convivir con las diferencias y tratar de harmonizarlas con proyectos muy vinculados con el entorno de la escuela y de sus estudiantes. Sin duda, con un poco de creatividad los resultados van a ser espectaculares y ayudarán a que la educación de adultos reivindique dos valores imprescindibles para llevar a cabo la innovación educativa: la humanidad y la sencillez.

Por último, haz todo lo que esté en tu mano para impregnar de educación tu lugar de trabajo. Crea espacios dónde se hable de educación, los claustros pueden pasar de ser el muro de las lamentaciones a convertirse en ágoras de aprendizaje y de creación de proyectos. Te sorprendrerás de lo que puede hacer en tu entorno el aprendizaje entre iguales.

En definitiva, iniciamos un nuevo curso lleno de retos y oportunidades donde seguro que vamos a encontrarnos también con muchos problemas y dificultades, cierto. No obstante, recuerda que no estás solo. Toma las riendas y sé consciente de que tu aportación en tu lugar de trabajo será determinante para todos. Implícate y actúa con cabeza y con corazón. No dudes en buscar “socios” entre tu claustro y, ¿por qué no?, a través de las redes sociales. Y si lo de innovar suena a algo costoso, recuerda que el motor de la innovación educativa es el alumnado. Tu alumnado. Si lo tienes siempre en cuenta, el resto vendrá solo. Desde aquí te animamos a compartirlos con nosotros y a perserverar para hacer de la educación de adultos un espacio de aprendizaje significativo y de calidad.

¡Feliz curso 2016-17!
PD: Carta cooperativa fruto de las reflexiones conjuntas con los compañeros Josep Miquel Arroyo y Diego Redondo. La vas a encontrar también en Didaktic. Sin duda, te recomiendo que te des una vuelta por allí.


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