martes, 15 de mayo de 2018

Proyectos más allá de las aulas

Me llega este tuit de la compañera María José Chordá y me pongo muy contento:


Si abrís el enlace llegaréis a la pagina del centro de formación de adultos donde trabaja, el FPA Torrent, donde este jueves van a presentar en sociedad "Orienta't i camina" la propuesta en la cual llevan trabajando a lo largo de los últimos meses. Se me escapan muchos detalles del proyecto, pero por lo que sé se trata de una propuesta de trabajo transversal en la que participan distintas asociaciones y entidades de la zona con el objetivo de ofrecer asesoramiento académico, formativo y laboral al alumnado de distintos grupos de su centro de formación de personas adultas. Se trata de una propuesta que ha trabajado codo con codo con @FolGuillermo (me imagino que con mucha otra gente más) y que por fin va a ver la luz este jueves.

Seguro que va a ser todo un éxito pero lo importante, desde mi punto de vista, ya está hecho: conseguir enlazar la realidad de nuestro alumnado (el suyo, mejor dicho) con su entorno y con los recursos necesarios para ofrecer alternativas de aprendizaje. Me lleva esto a pensar en un artículo que publicamos por aquí titulado Proyectos de entorno: 10 motivos para abrir los centros a la comunidad y me permito recuperar estos diez puntos que hacen interesante el hecho de trabajar en paralelo con nuestro entorno:
  1. Porque nos permite incidir en nuestro entorno, aportando soluciones o simplemente haciéndonos preguntas sobre las necesidades de la comunidad.
  2. Porque nos obliga a escuchar a otros agentes del territorio y, por tanto, nos permite tener una visión más completa de la realidad al salir de nuestra burbuja académica.
  3. Porque al abrir las puertas del centro permitimos que "pasen cosas", que se establezca una nueva relación con el entorno que puede ofrecer posibilidades y alternativas que ni siquiera imaginamos.
  4. Porque nos facilita esquivar los roles tradicionales de estudiantes-docentes y nos permite trabajar desde otras perspectivas mucho más enriquecedoras.
  5. Porque originamos propuestas de trabajo transversales y mucho más completas.
  6. Porque al estar en contacto con la realidad de nuestro entorno favorecemos la creación de situaciones de aprendizaje más motivadoras y sugerentes para el alumnado (y para los equipos docentes).
  7. Porque facilitamos el trabajo entre distintas etapas y formaciones, lo cual contribuye, sin duda, a fortalecer la cohesión social y a enriquecer las propuestas de aprendizaje.
  8. Porque nos mostramos como una institución abierta e innovadora, atenta a las necesidades e intereses de la comunidad.
  9. Porque abriéndonos al entorno podemos descubrir (y aprovechar) recursos que quizá no sabíamos que existían.
  10. Y, por último, porque, como hemos dicho, exponiéndonos a nuevas situaciones y retos, corriendo mayores riesgos, nos exponemos a equivocarnos. Y ahí, me temo, está el verdadero aprendizaje.
Me parece que va a haber mucho de esto en "Orienta't i camina". Espero que lo compartáis para aprender, una vez más, de vosotros. ¡Suerte! 😘😘


domingo, 13 de mayo de 2018

La mejor innovación de la historia de la educación (o acaba la frase como quieras)

Estos días mi mujer ha asistido a un congreso internacional sobre oncología. Ya de vuelta y charlando durante la cena, me explicaba los contenidos de varias de las ponencias que más le habían llamado la atención. Entre ellos, destacaba una anécdota ocurrida con el doctor Gregorio Marañón, seguramente una de las eminencias médicas más importantes de la historia de nuestro país, la cual creo que puede tener una estrecha conexión con el panorama educativo actual. De hecho, con cualquier profesión que implique el desarrollo de un servicio a las personas. 

Pues el tema es que al doctor Gregorio Marañón, ya entonces figura reconocida en el ámbito de la medicina internacional, le preguntaron cuál era, en su opinión, la innovación más relevante del panorama médico de los últimos años. Imagino al preguntador en cuestión (desconozco si periodista o estudiante, hombre o mujer) totalmente desconcertado ante la sorprendente respuesta del doctor: "La silla, sin duda". "¿La silla?, ¿cómo que la silla?". "Sí, la silla que nos permite sentarnos al lado del paciente, escucharlo y explorarlo", respondió tajante el médico madrileño.

Ya, lo sé. Mucho estaréis pensando en lo naif de la respuesta del doctor Marañón. Sí claro, tiempo para escuchar, para conocer. ¿Y qué? El tiempo no cura, dirán algunos. En cambio, los antibióticos sí. ¿Y qué hay de la anestesia? Eso sí que es un gran invento, una gran innovación. O la teoría de los gérmenes, o los rayos X. Pues sí, sin duda que se trata de inventos fundamentales en la historia de la medicina. Por supuesto. Pero lo de pararse a escuchar, a explorar y a comprender no me parece en absoluto una mala idea por lo que implica en cuanto a la atención emocional al otro, en este caso paciente, pero podríamos referirnos sin duda a otros ámbitos de la vida.

Y es que me parece que en el panorama educativo estamos un poco en ese punto. Uno tiene la sensación de que el ritmo de propuestas metodológicas (innovadoras o no) es frenético y que el día a día de los centros no favorece, precisamente, que nos centremos en lo verdaderamente importante: cubrir las necesidades de aprendizaje de nuestro alumnado. Ya escribimos algo sobre esto en ¿Estirando más el brazo que la manga?: el día a día de los centros educativos. En un mundo cada vez más robotizado y virtualizado, quizá estemos arrinconando la atención emocional a las personas con las que trabajamos (alumnos, pero también compañeros). Se trata, pues, de no dejarnos llevar por la corriente, por el frenesí del día a día, y tratar de buscar espacios para "sentarnos" con aquellos con los que compartimos espacio vital. Lo mismo hasta conseguimos centrarnos y descubrir sus  verdaderas necesidades. En fin, aquello de no permitir que lo urgente se coma a lo verdaderamente importante. Y sí, suena naif, pero me importa una mierda (o acaba la frase como quieras). 😏


jueves, 26 de abril de 2018

Nuevo post modo padre "on"

Día: 25/04/2018.
Lugar(es): 2 centros educativos de infantil y primaria en un punto cualquiera de la geografía española.
Motivo del encuentro: sendas actividades educativas abiertas a las familias.
Balance en términos de participación: 13 familias.
Balance en términos de género: 12 mujeres; 1 hombre.



lunes, 23 de abril de 2018

¡Feliz día del libro!

Hoy es el día del libro y desde DE VUELTA queremos desearos, como diría el presidente, muy y muchas felices lecturas. ¡Id a por el/los vuestro/s y a disfrutar! 😍📚

domingo, 22 de abril de 2018

3 preguntas (y media) sobre las políticas públicas de contratación del profesorado

Ayer abro Twitter  y me encuentro con esto:
Pues eso, como no hay suficientes profesores interinos el Departament d'Ensenyament decide permitir a licenciados de distintos ámbitos que se apunten a listas para cubrir plazas sin el correspondiente título de máster (antes) imprescindible para ejercer la función docente. Como diríamos aquí en Cataluña: "passeu, passeu, que veureu el piset". Esta noticia me genera algunas preguntas que imagino que alguien en el Departament ya habrá barruntado y se estará poniendo en marcha para darles respuesta.

En primer lugar, me pregunto: ¿por qué hay falta de interinos? Estamos hablando de una profesión que, a priori, podría ser una excelente opción laboral para cualquier licenciado que se precie. Un sueldo digno, una jornada aceptable, períodos de descanso interesantes (las eternas vacaciones, vamos)... Pues resulta que, ante tal panorama, no hay suficientes interinos. Y es que lo mismo las condiciones de trabajo no son tan agradecidas y favorables como pueda pensarse en un principio. Eso por no hablar de las lamentables condiciones a las que están sometidos los interinos. Los que hemos trabajado en la bolsa de interinaje lo sabemos bien. El panorama general puede resumirse de la siguiente manera: dar tumbos constantemente, estar sometido a los "nomenaments" cada x días sin la posibilidad de arraigar en un centro, tener la sensación constante de estar siempre apagando fuegos y, sobre todo, la inestabilidad económica y profesional que el sistema de interinaje ofrece, al menos en Cataluña. Pero bueno, seguro que ya habrá alguien trabajando en todo esto en el Departament, ¿verdad? 😉

Una segunda pregunta sería: ¿de verdad que no es necesario que un interino acredite una formación específica para ejercer la profesión docente? Lo del compromiso de obtener el título antes del 2022 suena un poco a cuando mi hijo, después de una trastada, me dice, parafraseando al rey emérito, que "lo siente, se ha equivocado y que no volverá ocurrir". ¿En serio, es suficiente ese compromiso para corretear por los centros de Cataluña y ponerte delante de decenas de chavales a ejercer la docencia? Y que nadie infiera de estas preguntas que considero que la formación que ofrece el máster sea la panacea, igual que, de ningún modo, no lo fue el CAP que algunos cursamos hace ya la tira de años. De hecho, en mi opinión, se trataba de una formación totalmente insuficiente. Pero, ¿de verdad que podemos abrir así la puerta? No sé, no lo veo.

Y una tercera pregunta, relacionada íntimamente con la anterior, radica en la siguiente cuestión: ¿nadie en el Departament se da cuenta del desprestigio que esta medida supone para la educación pública? Que el acceso (aunque sea a la bolsa de interinaje) a la profesión docente en el sistema público pueda realizarse sin acreditar ningún tipo de formación específica me parece que juega en contra del prestigio de la educación pública. Puedo entender que se trate de una medida excepcional que pretenda dar respuesta a una situación excepcional. No obstante, me quedaría más tranquilo sabiendo que se está trabajando para dar respuestas a medio-largo plazo para reducir las inestabilidad de plantillas y para asegurar un sistema de contratación del profesorado con criterios de calidad públicos y contrastados. Además, por supuesto, de abordar la cuestión de los interinos de una vez por todas para ofrecer condiciones de trabajo dignas y mayor estabilidad para los profesionales de la bolsa.

Y, por último, la "media" pregunta tiene que ver con los procesos de selección del profesorado: ¿hay mentes pensantes que le estén dando una vuelta al sistema de oposiciones en Cataluña? Y es que estoy en medio de un proceso selectivo y me salen unas cuantas preguntas más al respecto. Pero esto ya, si eso, para otro día... 😜

miércoles, 18 de abril de 2018

Por un ejercicio de la docencia humanizador (o no)

Los acontecimientos de las últimas semanas me llevan a reflexionar sobre las cualidades personales que pueden resultar útiles para cualquier profesión relacionada con la atención a las personas y, en especial (por cuestiones obvias) para la profesión docente. Me salen las siguientes. Pido perdón por adelantado por las obviedades.

En primer lugar, interés por el otro, ya sean alumnos, compañeros de centro, otros docentes o cualquier otro agente de la comunidad educativa. Claro que podemos ejercer como profesores sin preocuparnos por nada ni por nadie. Pero no solo vamos a desarrollar un mejor trabajo si conocemos los intereses y condicionantes de nuestro entorno, sino que se trata de una habilidad que nos humaniza y contribuye a forjar relaciones sociales que contribuyen a crear ambientes de trabajo más agradables y, por tanto, eficaces. Para ello hay que hablar, claro. Preguntar, escuchar, dialogar, compartir... En definitiva, mostrarse dispuesto al intercambio y al diálogo con el resto del mundo. Y es que hay gente que se encierra en su mundo y, chico, no hay manera...

En segundo lugar, mostrarnos cercanos y accesibles contribuye también a ofrecer una cara más amable a los miembros de nuestro entorno y, por tanto, puede favorecer una mayor interacción y, sobre todo, cuando esta se produce, intercambios de mayor calidad. No me refiero con esto al “colegueo” entre docentes o con el alumnado en el que pueden estar pensando algunos, sino simplemente a mostrarnos abiertos a aquellas personas con las que, nos guste o no, tenemos que desarrollar nuestro trabajo.

Otro aspecto importante para favorecer relaciones eficaces de trabajo reside en establecer una comunicación abierta y eficaz con nuestro entorno, ya sea alumnado, compañeros, familias, etc. Se trata, en mi opinión, de no dar por supuesto nada y de tratar de emplear todos el mismo lenguaje para saber en cada momento de qué estamos hablando y en qué fase estamos durante el desempeño de nuestro trabajo. Para ello, por supuesto, cabe favorecer el diálogo (al menos profesional) con el resto de miembros de la comunidad educativa.

Un cuarto punto elemental reside en mostrarnos flexibles y abiertos a nuevas posibilidades y enfoques. La nuestra, la docente, es una profesión que precisa de una planificación más o menos rigurosa, pero no siempre todo puede estar “atado y bien atado”, no podemos convertirnos en esclavos de nuestra programación de turno. Trabajamos con personas y las personas tienen problemas, aciertos y errores, malas y buenas temporadas... En definitiva, se trata de mostrar cintura y flexibilidad para adaptarnos a situaciones cambiantes y, por tanto, ser más eficaces, eficientes y justos.

En quinto lugar, pienso también en compartir como otra buena estrategia, seguramente relacionada con la comunicación y el diálogo, para establecer un sistema de relaciones sano y equilibrado. Compartir dudas, también certezas, informaciones, retos o situaciones problemáticas permite fortalecer los equipos de trabajo y crearnos una red de seguridad que tarde o temprano vamos a necesitar. Porque en educación me parece que no sale a cuenta ir de llanero solitario.

Y, por último, me parece que el sentido del humor puede resultar una pieza clave en el desarrollo de la profesión docente. Y el sentido del humor empieza por aplicárselo a uno mismo, quitarse importancia y saber reírse de los defectos y errores propios. Además, también permite quitar hierro a determinadas cuestiones, relativizar y oxigenar algunas situaciones que de lo contrario pueden enquistarse y dar lugar a situaciones ciertamente desagradables.

En fin, algunas obviedades que me parece que a menudo quedan olvidadas y sepultadas bajo un sinfín de instrumentos de evaluación, grandilocuentes objetivos didácticos, novedosas metodologías didácticas y demás requerimientos administrativo-burocráticos. Pues, eso, que lo mismo tendríamos que dedicarnos un pelín más a la cuestión humana. O no. (?)


jueves, 5 de abril de 2018

La dimensión desconocida

Leo L'aneguet lleig (El patito feo), el último post de Joan Padrós, director del CFA Palau de Mar, y no puedo estar más de acuerdo con él. Es una idea que de vez en cuando vamos dejando caer por aquí y que otros blogs como los de los compañeros Josep Miquel Arroyo o Quim Balaguer también reflejan a menudo: la de que las administraciones educativas no acaban de poner la atención y, sobre todo, los medios que necesitamos desde los centros de adultos para desarrollar nuestro trabajo de manera óptima. De hecho, el nombre del blog de Quim es bastante claro al respecto: La germana pobre i lletja (La hermana pobre y fea). Como diría aquel, "no hase falta desir nada más". 

Lo triste es que no solo las administraciones educativas olvidan o relegan a un segundo plano a la educación de personas adultas. También lo hacen iniciativas supuestamente renovadoras e innovadoras, de las cuales cabría esperar algo más de atención y de comprensión, máxime cuando en los centros de adultos acabamos sufriendo de primera mano el fracaso del sistema educativo en sus etapas obligatorias. Y es que cuando te dan constantemente con la puerta en las narices uno se acaba hartando.

También es cierto que hay administraciones que se esfuerzan por apoyar y arrimar el hombro. En Cataluña, por ejemplo tenemos una red de centros municipales que, mejor o peor, con más o menos criterio, hacen inversiones importantes para mantener espacios de formación de personas adultas. Cabe, pues, ponerlo en valor. Pero hay que exigir, también, que esa inversión en recursos se haga de manera sostenible, con criterios estratégicos y dando respuesta a las necesidades del entorno.  Y que las administraciones provinciales, autonómicas y estatales apoyen y den soporte económico y humano a estos proyectos.

Mientras tanto, desde los centros de adultos seguiremos buscándonos la vida para conseguir los recursos necesarios para atender a nuestro alumnado de manera óptima. No podemos hablar de una educación de segunda división, de ningún modo. En la educación de personas adultas, como en cualquier otra etapa educativa, existen excelentes profesionales que desarrollan proyectos pedagógicos y educativos impresionantes y vitales para sus comunidades. Sí, no obstante, podemos hablar de una educación ubicada en una dimensión paralela, donde a menudo no se tienen en cuenta las necesidades ni, sobre todo, las demandas concretas y específicas que realizamos desde los centros de adultos

Pues eso, seguiremos perserverando, dando la matraca y explicando nuestras necesidades y demandas a quien nos quiera escuchar. ¡Seguro que encontraremos a alguien dispuesto a dejarse "enredar"! 😉





miércoles, 28 de marzo de 2018

Out of the office

Pues nada, cerramos el chiringuito y descansamos unos días. O al menos lo intentaremos. Disfrutad de vuestras vacaciones, los que las tengáis, y nos vemos por aquí DE VUELTA en breve. ¡Besos!😚


Tres cosas (más) que pediría al Departament d'Ensenyament para la educación de personas adultas

Hace unas semanas mi amigo Josep Miquel Arroyo escribía este artículo donde realizaba tres grandes peticiones-sugerencias al Departament d'Ensenyament en relación con la formación de personas adultas. Josep Miquel proponía tres grandes ejes de actuación: la remodelación del curso de educación secundaria para adaptarlo a los nuevos tiempos, realidades y perfiles del alumnado adulto; la ampliación de la inversión económica formativa y humana; y, por último (y quizás lo más importante) el compromiso real y efectivo por parte del Departament con el concepto de aprendizaje a lo largo de la vida.

Por supuesto que firmo en todas la propuestas del amigo Arroyo. Sin duda. Seguramente se trata de los tres grandes ejes sobre los que cualquier administración educativa del país podría ponerse manos a la obra. Formación, nuevos recursos y replantearse según qué formaciones no parece un mal plan de trabajo. No obstante, pensaba en proponer otros tres puntos que quizá concreten, complementen y enriquezcan las ideas plantedas por Josep Miquel. Así pues, aquí van las propuestas de un servidor.

En primer lugar, y viendo la deriva cada vez mayor de alumnado derivado desde los centros de educación secundaria hacia las escuelas de adultos, no sería mala idea analizar causas y consecuencias de este desembarco creciente. Es cierto que cada centro es un mundo y que la realidad de la educación de adultos es muy diversa. Seguramente existen entornos rurales donde esta tendencia es prácticamente nula. No obstante, parece evidente que en contextos urbanos, y especialmente en entornos socialmente desfavorecidos, este trasvase está siendo cada vez más destacado. Y creo que, salvo excepciones, no se está trabajando de manera coordinada desde los centros de adultos y desde los institutos de educación secundaria para afrontar esta situación. Quizá sea aquí donde el Departament d'Ensenyament  (o la administración educativa de turno) debiera establecer estrategias para impedir que los centros de adultos se conviertan simplemente en un contenedor donde enviar al alumando que por diversos motivos no finaliza etapa o no consigue cumplir objetivos en los institutos

En segundo lugar, y concretando la propuesta de Josep Miquel de incrementar la inversión en recursos, me parece imprescindible dotar a los centros de educación de personas adultas de equipos de asesoramiento, orientación y apoyo psicopedagógico. No todo, claro, pero una parte significativa del alumnado que llega a los centros de adultos requiere de atención y apoyo educativo individualizado. En muchos casos se trata de estudiantes que no han tenido una experiencia educativa grata en su pasado y que, a menudo, presentan necesidades educativas especiales. Resulta imprescindible, pues, contar con equipos profesionales que detecten estos casos de necesidades especiales y que acompañen a docentes y a estudiantes en su trabajo diario. Me consta que algunos centros cuentan con preofesionales de apoyo, pero se trata, sin duda, de casos excepcionales (al menos por estas latitudes).

Y por último, me parece imprescindible, también, iniciar una campaña de visibilización y, sobre todo, de potenciación de la educación de personas adultas. Y no solo me refiero a anuncios televisivos o campañas en los medios, que también. De hecho,  ya se están llevando a cabo campañas mediáticas, más o menos acertadas, que promocionan la oferta de los centros de formación de personas adultas. No obstante, conociendo la realidad y el trasfondo de varias comunidades autónomas donde esto se está llevando a cabo, me parece que tras esas campañas de visibilización mediática no existe una verdadera política de potenciación de la educación de adultos. Para ello, cabe detenernos a revisar las verdaderas necesidades de la población, disponer los recursos necesarios y trabajar a medio-largo plazo para potenciar la educación de personas adultas como el espacio generador de nuevas oportunidades que, sin duda, ha sido y continúa siendo para miles y miles de personas durante cada curso escolar. Así pues, más importante que cualquier anuncio televisivo o cualquier otra campaña mediática resulta tener claros los objetivos y las necesidades a cubrir y disponer los recursos adecuados para conseguirlos. ¿Visibilización? Por supuesto, pero con trabajo de fondo detrás.

Pues nada, aquí van mis propuestas para la educación de adultos. ¿Por qué no te animas y compartes las tuyas? Hazlo en comentarios o, si lo prefieres, en Twitter con la etiqueta #3cosasfadultos. ¡Lo mismo hasta alguien nos atiende! 😏



sábado, 24 de marzo de 2018

Los alumnos de sociales hacen cosas

Cerrando el primer trimestre publicamos por aquí el post Los profes de sociales hacen cosas, donde hacíamos un repaso más significativo de los proyectos llevados a cabo durante el primer trimestre en los módulos de sociales. Pensándolo un poco, y analizando quién hace qué, he pensado en cambiar un poco el título porque lo cierto es que los que han hecho cosas son, más bien, mis alumnos y alumnas, así que un poco de justicia para ellos y empezamos el repaso de lo trabajado durante este trimestre en el curso de graduado en educación secundaria para personas adultas.

 

En Geografía I hemos dados la vuelta al mundo. Así, a lo loco. Iniciamos la asignatura definiendo entre todos los criterios de nuestra propia vuelta al mundo y nos lanzamos a ello. Los resultados, en general, han sido muy positivos, así como la valoración mayoritaria del alumnado. Como aspectos de mejora, se me ocurren acotar los puntos de estudio (el trabajo puede haber sido excesivamente ambicioso para la duración del módulo) y guiar más concienzudamente los puntos de interés de cada país (aunque esto dependerá de la autonomia y criterio de los estudiantes). Además del proyecto, claro, hemos trabajado conceptos elementales de la materia y nos hemos dado más de un paseo por la geografía peninsular. Los resultados del proyecto puedes encontralos aquí.

Por su parte, en Geografía II hemos vuelto a repetir con el #ProyectoFIB (Felicidad Interior Bruta). La idea es trabajar los contenidos del módulo de geografia social y económica desde una perspectiva práctica mediante la creación de estados-países ficticios que generen felicidad entre su ciudadanía.  El proyecto se alterna con la presentación de contenidos por parte de un servidor y con sesiones de repaso-clarificación de conceptos (más o menos) gamificadas. Hemos descubierto Plickers y la verdad es que a los alumnos les ha encantado (y a mi me ha permitido olvidarme los problemas de conexión que a menudo me ha dado Kahoot). En fin, un buen trabajo pero con resultados muy desiguales. El año que viene va a haber cambios significativos. Aquí los resultados.

Y por último, en Arte y artistas, también hemos trabajado un montón. El alumnado ha presentado más de 20 Pechakuchas sobre un abanico de obras de arte seleccionadas previamente. Se ha dado un espacio importante al colectivo de mujeres artistas, normalmente arrinconado en los planes de estudio artístico, y me temo que de cualquier especilidad. Así pues, hemos estudiado obras de Artemisia Gentileschi, Sofonisba Anguissola, Frida Khalo, Camille Claudel, Louise Bourgeis, Lluïsa Vidal, Rosa Bonheur o Nikki de Saint Phalle. En breve intentaré colgarlas en el blog de aula (tuvimos un problema y se cayeron todas). En general, un muy buen trabajo que nos ha permitido trabajar la exposición oral, el gusto artístico y, obvio, temas de igualdad y coeducación. Aquí abajo, un par de ejemplos.

https://docs.google.com/presentation/d/1XtYxcKYDrbM6JPWEh_3kfgn5U4KFPr_FbOxHMy4QAhU/edit?usp=sharing

https://docs.google.com/presentation/d/1YKBQwUovV6ql4MOxwawmdyb2eLbk6SzL2jp6nzJaICE/edit?usp=sharing

Además, también desde el módulo de arte, contribuimos a la exposición organizada por el centro para la Biblioteca Municipal programada para el día 8 de marzo sobre mujeres relevantes en distintos campos profesionales. Cada alumno investigó sobre una artista y elaboró su propio cartel. La actividad culminó con el montaje de la expo en la Biblioteca Municipal, donde estará todo el mes de marzo de 2018. Más detalles del proyecto aquí.



Por último, aprovechamos también para leer la obra de Chimamanda Ngozie Adichie Todos deberíamos ser feministas y realizamos una sesión de club de lectura trabajando algunos de los aspectos más relevantes que aparecen en la obra. En definitiva, un módulo opcional muy intenso e interesante.

Pues esto es, más o menos, lo que hemos trabajado durante estos tres meses. Mucho trabajo realizado y todavía más por delante. Y a vosotros ¿cómo os ha ido el trimestre? ¡Contadme por aquí!

viernes, 9 de marzo de 2018

Ayer fue el Día internacional de la mujer

Hoy es 9 de marzo. Después del tsunami de manifestaciones, exposiciones, marchas, actividades, lecturas de manifiestos y eventos más o menos multitudinarios hoy volvemos al día a día, el escenario donde se decide todo. Lo digo, humildemente, para que no se nos olvide el asunto: y el tema es que la mitad de la humanidad vive en una situación de desigualdad flagrante en múltiples ámbitos. Y es que ayer uno escuchaba a políticos, empresarios, representantes sindicales y demás miembros de la sociedad civil y no entiende cómo seguimos como estamos si tan convencidos estamos todos de la necesidad de cambiar el modelo. 

Pues lo dicho, hoy es 9 de marzo. Seguro que ayer en tu centro leísteis algún manifiesto, inaugurásteis alguna exposición o celebrásteis un evento x con motivo del día internacional de la mujer. Genial. Fantástico. Pero estaría mucho mejor que hoy, 9 de marzo, y mañana y todos los días del resto del curso lo tengamos bien presente. Y es que uno se huele que el cambio va a penir picando piedra, en plan gota malaya, porque muchos (cada vez más) sabemos que falta nos hace. Recupero, pues, en este sentido, algunas  ideas planteadas en Educación para igualdad: lista de tareas pendientes para trabajar en las aulas la cuestión desde la realidad del día a día y lejos de los fuegos de artificio de los "días internacionales de", los cuales, siendo necesarios (qué duda cabe), me temo que no van a bastar para erradicar un orden y un sistema injusto y discriminatorio hacia la mujer. Pues eso, que aquí van las propuestas. Espero aportaciones, críticas y, sobre todo, que todas las reivindicaciones de ayer sirvan para que hoy y el resto de días tengamos bien presente la necesidad de trabajar en este sentido.
  1. Visibilizar el trabajo de las mujeres desde el currículum académico. Un ejemplo. El estudio de la educadora e investigadora Cécile Barbeito Observatori de llibres de text. Anàlisi de la didàctica de les ciencies socials des d'una perspectiva de pau (2017) publicado por el Institut Català Internacional per la Pau detectó que un 93% de los personajes que aparecen en los libros de texto de tercero de la ESO con nombres y apellidos son hombres. Y del porcentaje correspondiente a las mujeres, un 35% no consta por su propio papel, sino como mujer, madre o hija de un hombre. ¿Un 93%? 😖 Me temo que no estamos haciendo un tratamiento demasiado equitativo de la cuestión. Y es que el papel de las mujeres en TODAS las disciplinas académicas presentes en los currículos de turno es, me parece, superior a ese 7% que refleja el estudio en cuestión. Seguro que, en este sentido, podemos hacer mucho por sacar a la luz todo ese trabajo sepultado por el peso del "currículum masculino".  
  2. Crear líneas de trabajo conjuntas para visibilizar y atacar la cuestión de la desigualdad. Se trata de superar el esquema de trabajo individual (y a menudo invisible) en el aula para desarrollar iniciativas colectivas que profundicen en el análisis, reflexión y denuncia. Sin duda, el trabajo transversal y en red entre los miembros de la comunidad educativa va a ofrecer resultados más potentes y efectivos que las acciones individuales que podamos llevar a cabo. Así pues, no parece una mala idea bien sumarse a las propuestas desarrolladas por el resto del equipo, bien comunicar las propias iniciativas para conseguir nuevos socios que las potencien y enriquezcan.
  3. Insistir en la celebración de actividades de concienciación contra la desigualdad. Aunque, a veces, los resultados sean frustrantes y generen la sensación de batalla perdida. No son pocas las propuestas de concienciación que afrontamos desde la absoluta motivación y que acaban, si no como el rosario de la aurora, sí con comentarios, actitudes y reflexiones muy alejadas de los propósitos de la actividad (normalmente, claro, por parte del público masculino -aunque no solo). Bien, cabe seguir plantando batalla y no desistir ante la respuesta de determinados colectivos. De hecho, es precisamente esa respuesta la que debe seguir motivándonos a continuar programando y pensando nuevos modos de trabajar.
  4. Seguir formándonos como agentes de cambio contra la desigualdad. Leyendo, estudiando, atendiendo cursos y formaciones, contactando con asociaciones y/o otros centros que estén trabajando en propuestas concretas... Son muchas las vías para ampliar nuestro bagaje en términos de educación para la igualdad, si bien es cierto que son las distintas administraciones educativas quienes deberían potenciar este aspecto con formaciones prácticas  accesibles al conjunto del profesorado.
  5. Huir de los clásicos estereotipos de género (también) en el ámbito escolar. Es decir, esa visión tradicional del asunto que categoriza a las chicas como "buenas, tranquilas, ordenadas y pulidas" y a los chicos como "fuertes, rebeldes e irracionales". Y es que, aun siendo conscientes de la limitación y de la simplificación que suponen, quizá contribuimos de manera inconsciente a su perpetuación más a menudo de lo que creemos. De hecho, existen numerosos estudios que apuntan que la existencia de estos juicios escolares tiene una influencia notable en el día a día del aula en términos de qué y cómo se enseña, en cómo el profesorado se relaciona con su alumnado, en cómo se organizan los espacios escolares o en la propia concepción que tienen los docentes sobre las habilidades y disciplinas más o menos "femeninas". Esto último tiene una clara repercusión en las trayectorias formativas y profesionales de los jóvenes una vez acceden a estudios superiores. ¿Cómo se explica, de lo contrario, la reducida matrícula general de mujeres en estudios de ingeniería o de arquitectura, por ejemplo?
  6. Comprender nuestras propias autolimitaciones. Porque hemos sido educados en una sociedad con roles de género muy determinados y podemos, sin quererlo, estar contribuyendo a su reproducción. Para evitarlo, pues, debemos autoanalizarnos (sin caer en la paranoia, claro) y tratar de erradicar aquellas conductas y/o pensamientos que no se ajusten a la filosofía de educación para la igualdad que queremos promover. Para ello resulta imprescindible que reconozcamos el sistema de desigualdad imperante y los mecanismos de corrección de la misma. (Aquí volver al punto 4)
  7. Identificar la educación para la igualdad como innovación (de la buena). Porque no hay innovación más potente que aquellas acciones que contribuyen a erradicar situaciones de desigualdad entre las personas. Así pues, habrá que ubicar la cuestión en la lista de tops to-do y, en consecuencia, dedicarle el tiempo y los recursos necesarios para trabajarla en condiciones.
  8. Utilizar materiales alternativos, ajenos a prejuicios excluyentes por cuestiones de género pero también de nacionalidad, edad, religión, etc. Y es que parece claro que muchos materiales pueden pecar de responder a prejuicios y/o estereotipos no tanto por las ideas que muestran (que también) sino por los contenidos o perfiles que omiten.  Porque de todos es sabido que lo que no se nombra no existe. No parece mala idea, pues, hacer una selección de materiales que contribuya de manera efectiva a la sensibilización del alumnado.
  9. Hacer de la educación para la igualdad una cuestión del día a día, que supere el marco habitual de los Días de... para pasar a ser una cuestión estratégica en la gestión del aula y de los centros. 
  10. Atender la cuestión de la igualdad también desde el lenguaje. Y no me refiero tanto al hecho de usar la @ o la x en los plurales, o de doblar constantemente masculino y femenino, sino de tratar de no reproducir las desigualdades de género existentes mediante el uso del lenguaje. Quizá se trate, tan solo, de aplicar un poco de sentido común al asunto y ponerle atención a las palabras que nos nombran para que siempre estemos representados hombres, mujeres y los distintos colectivos que forman nuestra sociedad. A poco que nos esforcemos, creo que podemos hacerlo mucho mejor también en este sentido.
  11. Y por último, (bonus track para el sector masculino), escuchar más, hablar menos, reflexionar más sobre la cuestión y, sobre todo, pasar a la acción.

lunes, 5 de marzo de 2018

Por qué la innovación no arraiga en el sistema educativo (modestia aparte)

Hace unos años que las redes sociales van llenas de propuestas innovadoras llevadas a cabo por docentes de todo el país en distintas etapas y ámbitos educativos. De hecho, a juzgar por la proliferación de proyectos y actividades innovadoras publicadas por aquí y por allá, cualquiera podría pensar que nos hallamos ante un sistema educativo dinámico, activo y versátil. En una palabra: innovador. Pero, claro, una cosa son las redes sociales y otra la vetusta realidad.

Y es que, a pesar de que cada vez más docentes se animan y se lanzan a investigar con propuestas innovadoras o, cuando menos, alternativas, me temo que no podemos afirmar que la innovación educativa sea una realidad en centros y aulas a lo largo y ancho del país. Al contrario, un servidor tiene la sensación de que esta innovación no arraiga en el sistema educativo por, entre otras cosas, los motivos que se apuntan a continuación:
  • Porque tenemos un sistema educativo que no favorece la cooperación entre los centros educativos sino (me temo) la competencia.
  • Porque la creciente carga de trabajo burocrático impuesta por las administraciones educativas de turno frena la voluntad de los docentes para investigar y formarse en nuevas metodologías.
  • Porque, a menudo, la innovación educativa toma formas y apariencias un tanto elitistas que la alejan del común de los docentes.
  • Porque existe poca transferencia de buenas prácticas entre docentes, centros y etapas educativas. No hablamos aquí de comunicación y/o visibilización de experiencias, sino de transferencia real y puesta en práctica.
  • Porque la estructura del sistema educativo, plagado de minas en forma de reválidas varias, constituye un freno para muchas propuestas innovadoras. 
  • Porque muchos centros tienen dimensiones excesivas que dificultan el arraigo de una cultura colaborativa entre los equipos. ¿Cómo cohesionar centros con miles de alumnos o claustros con cien, ciento y pico docentes?
  • Porque, seamos sinceros, una parte importante del colectivo docente vive, si no de espaldas, sí al margen del debate sobre la innovación.
  • Porque en muchas ocasiones los equipos docentes son inestables y con una movilidad tal que resulta difícil establecer proyectos a medio-largo plazo.
  • Porque la innovación educativa no contribuye de ninguna manera a la mejora de la carrera docente. Si es que podemos hablar de carrera docente...
  • Porque la innovación educativa, hoy en día, genera más discusión que consenso en el ámbito de la educación.
  • Porque necesitamos clarificar el propio concepto de innovación y llegar a acuerdos sobre cómo (o si) nos interesa trasladarla a la realidad de los centros.
  • Porque no existe una planificación estratégica por parte de la administración (o al menos un servidor no la percibe) en temas clave como la formación del profesorado y la reforma del sistema educativo.
  • Y, un clásico y quizás lo más importante, porque a menudo tenemos ratios excesivas, poco tiempo y escasos recursos para plantearnos algo más que salir del paso como podamos.
En definitiva, algunas ideas sobre las posibles causas que pueden hacer que la innovación no se consolide en nuestros centros educativos. ¿Estás de acuerdo?, ¿tienes en mente algún otro motivo? ¡Compártelo por aquí!

martes, 27 de febrero de 2018

5 motivos para reforzar las relaciones entre los institutos de educación secundaria y los centros de formación de personas adultas

Hace unos días publicaba este tuit (perdón por la autocita, otra vez):


Y es que quizá habrá que hacer un pensamiento. Es un hecho constatado que muchos centros de formación de personas adultas están recibiendo un desembarco masivo de chicos y chicas, cada vez más jóvenes, que vienen (en principio) a retomar sus estudios y a continuar con su formación. Es cierto, también, que esto siempre ha sido así; los centros de adultos siempre han asumido parte del fracaso escolar de la enseñanza secundaria, aunque intuyo que de un tiempo a esta parte esta tendencia se ha intensificado de manera significativa. De hecho, nuestro centro es, en este sentido, claramente representativo. A día de hoy, contamos con aproximadamente un 50 por ciento de alumnado menor de 25 años, del cual un 20 por cierto es, directamente, menor de edad. Se trata, además, de una tendencia que parece que se va a prolongar en los próximos años, así que habrá que ir acostumbrándose. 

Ahora bien, no podemos permitir que este trasvase de alumnado se convierta en una simple manera de trasladar un problema de una etapa educativa a otra. No digo con esto que los institutos de educación secundaria lo estén haciendo de este modo, aunque de todo habrá, pero sí que si no existe una red de trabajo conjunta y coordinada entre ambas etapas educativas esta tendencia puede llegar a colapsar, si no lo está haciendo ya, algunas formaciones de los centros de adultos. Pienso sobre todo en la educación secundaria obligatoria y los cursos de preparación de pruebas de acceso a ciclos formativos. Así pues, aquí van cinco motivos por los cuales considero que haremos bien en empezar a trabajar de manera coordinada con los institutos de educación secundaria de nuestra área de influencia. 

En primer lugar, para informarnos del alumnado que nos llega. Seguro que gran parte de nuestro alumnado más joven viene derivado de los institutos de educación secundaria de la zona. Y lo más probable es que si no han podido culminar con éxito la educación secundaria existan toda una serie de condicionantes (personales, académicos, etc.) que seguro que nos conviene conocer. Es cierto que en muchas ocasiones un simple cambio de ambiente puede desencallar determinadas problemáticas de aprendizaje pero, en cualquier caso, conocer el historial académico y personal de este alumnado más joven  puede ser enormemente interesante y, en este sentido, en los IES podemos hallar información valiosísima. Nos conviene, pues, coordinarnos con los institutos y establecer reuniones para conseguir hacer este traspaso de información que nos permitirá atender mejor a nuestro alumnado.

En segundo lugar, para dar a conocer nuestra oferta formativa y nuestros servicios. Ya que tenemos esta oferta desplegada y que contamos con atender a este alumnado, vamos a trabajar para ofrecerla y promocionarla in situ en los centros de secundaria. Los centros de adultos, además, desplegamos toda una serie de programas y de servicios complementarios que pueden ser enormemente útiles y atractivos para este tipo de alumnado. De hecho, la educación permanente se convierte en una nueva puerta de acceso para estos chicos y chicas que salen quemados de la secundaria o incluso de etapas superiores. Así pues, parece interesante acudir a los institutos a explicar qué hacemos y cómo trabajamos. 

Además, los centros de adultos son fuente también de importante información para los institutos de educación secundaria. Muchos de los estudiantes que abandonan los IES acuden luego a los centros de adultos e incian una nueva etapa formativa, a menudo, exitosa. Esta comunicación bidireccional puede ofrecer importante información a los IES sobre la evolución futura de su alumnado para analizar su práctica y reconducir determinadas prácticas (si fuera el caso).

En cuarto lugar, conviene que los institutos de educación secundaria sepan cómo trabajamos, cuáles son nuestras principales problemáticas y necesidades, cuáles nuestros puntos fuertes. Conviene también, que sepan que no somos un aparca-alumnos, que en los centros de educación para adultos no se producen milagros (bueno, a veces casi 😎) y que son espacios que pueden ser enormemente válidos para recuperar a gran parte del alumnado, pero que no todo el mundo puede ser derivado a un centro de educación para personas adultas. Para ello conviene, pues, que nos conozcamos mutuamente y que nos ayudemos a trabajar de manera coordinada. Me consta que de estas colaboraciones surgen iniciativas e intercambios de enorme valor académico y organizativo.

Y, por último, porque el trabajo en red siempre funciona. Si compartimos, en algunas etapas y formaciones, el mismo perfil de alumnado parece mucho más inteligente sumar esfuerzos que no ir cada uno por su lado. Así pues, podemos buscar estrategias de trabajo colaborativas, crear proyectos conjuntos o contribuir a la orientación académica de distintos perfiles de estudiantes. 

Se trata, en definitiva, de ofrecer respuestas a nuestro alumnado apoyándonos en todos los agentes de nuestro entorno y, en este sentido, los institutos de educación secundaria, nos guste o no, constituyen una de las instituciones de referencia para la educación permanente por la relación directa que existe entre nuestra oferta académica y la suya. Pues venga, ¡manos a la obra!


jueves, 22 de febrero de 2018

Trastos, cachivaches digitales y educación

Estos días he tenido la suerte de compartir una formación con compañeros docentes de otras etapas educativas, básicamente de infantil y primaria, sobre el uso de herramientas tecnológicas para promover eso que ha venido a llamarse el aprendizaje activo. Así pues, hemos presentado algunos de los proyectos que hemos llevado a cabo en la escuela y hemos trasteado distintas aplicaciones que pueden tener un uso interesante. 

En fin, que compartiendo con los compañeros algunos proyectos y propuestas desarrollados durante los últimos años me vienen estas ideas a la cabeza y aquí las presento, sin demasiado orden ni concierto, todo sea dicho.
  • Que existen innumerables herramientas tecnológicas que nos permiten variar nuestra manera de trabajar y hacer cosas distintas.
  • Que hacer cosas distintas no siempre puede funcionar y, es más, no siempre es necesario.
  • Que conocer nuevas herramientas nos da más alternativas en nuestro trabajo, pero no nos convierte en mejores docentes.
  • Que no investigar y trastear nuevas herramientas o aplicaciones no nos convierte en peores docentes, sí acaso en más pasivos. 
  • Que cualquier propuesta de aprendizaje que convierta en imprescindible una herramienta no tiene demasiado recorrido.
  • Que, sin lugar a dudas, lo analógico tiene enorme valor y merece ser respetado, mantenido y potenciado.
  • Que lo virtual no es demoníaco ni hay que arrinconarlo porque sí, sino valorarlo en su justa medida y adaptarlo a nuestras necesidades reales. (Para los suspicaces: nuestras = alumnado + profesorado).
  • Que las herramientas deben adaptarse a las propuestas de aprendizaje y no a la inversa.
  • Que vincular propuestas de aprendizaje con las necesidades del entorno normalmente ofrece resultados muy interesantes.
  • Que investigar usos de nuevas aplicaciones requiere de tiempo y dedicación y que, por tanto, cabe planificarse para no agobiarse ni volverse loco.
  • Que, precisamente porque descubrir nuevas herramientas significa una importante inversión en tiempo, hay que buscar espacios para compartir lo aprendido con los compañeros: trabajo en red, vamos.
  • Que el alumnado, en general, agradece variar las estrategias de trabajo (o no).
  • Que usar herramientas al tuntún, sin una planificación coherente, solo puede conducir a un fracaso estrepitoso (lo dice un servidor por experiencia).
Por cierto, el taller del cual surgen estas ideas se trata de un plan de formación local donde participamos profesores de los tres centros de educación infantil y primaria del municipio y la escuela de adultos municipal. No parece mala idea poner a trabajar juntos a los docentes de los centros educativos de, en este caso, un mismo municipio. ¡A ver si, entre todos, conseguimos darle continuidad!



domingo, 18 de febrero de 2018

La educación de la estafa

Leo con atención a Moisés Naím en el El País (¿Cuál es la mayor estafa del mundo? La educación) y no dejo de sorprenderme de que discursos tan simplistas y vacíos consigan tanta resonancia mediática y, me temo, tanto aplauso en según qué foros. Plantea Naím, según lo entiende un servidor, que la escuela es un espacio donde se aprende poco, o nada directamente, y que, por si fuera poco, cuesta mucho dinero a los estados. Pues sí, mal que le pese a algunos la escuela cuesta dinero. Hay que pagar a personas para que desarrollen su trabajo y hay que mantener unas infraestructuras decentes para que las personas se puedan formar. Aunque siempre podríamos privatizar el chiringuito, ¿verdad?

Además, como lo tiene clarísimo, el escritor venezolano se arranca y se anima a señalar a los principales culpables de que la escuela se haya convertido en un espacio vacío de contenido. Primero, por supuesto, que "muchos de los maestros son tan ignorantes como sus estudiantes y que sus niveles de absentismo laboral son muy altos". Otra de las causas la ubica en el freno que suponen los sindicatos para la renovación de la profesión. Claro, mucho mejor una educación sin representantes sindicales que torpedeen las innovadoras políticas de los gobiernos de turno. Pero seamos justos con Naím, señala también, de pasada eso sí, que la malnutrición o la falta de medios en según qué países podrían ser también causa del fracaso de la escuela como espacio de aprendizaje.

Y ya puestos, pues se anima a iluminarnos con sus propuestas para solucionar tal desbarajuste. Con un párrafo le basta, oigan. Primero, medir para tomar decisiones. Uno tiene la sensación de que estamos constantemente midiéndonos pero a Naím todas las pruebas, reválidas y diagnósticos del sistema educativo mundial le saben a poco. Es insaciable y quiere todavía más. Como segunda propuesta proclama la necesidad de "darle más peso a la calidad de la educación". No añade mucho más, así que esperaremos un nuevo artículo en El País para ver si profundiza en la idea. Agárrense que para la tercera y la cuarta propuestas que nos permitirán revolucionar el sistema educativo mundial Naím empeña la friolera de tres líneas y media: "Tercero: empezar más temprano. Cuanto más mejore la educación a edades tempranas, más capaces de aprender serán los estudiantes de primaria y secundaria. Cuarto: usar la tecnología de manera selectiva y no como una solución mágica. No lo es". 👏👏👏

En fin, lo dicho, con muy poco Naím se empeña en desprestigiar una institución, la escuela, que sin duda presenta grandes problemas y retos pero que no pueden ser abordados de manera seria con planteamientos tan maniqueos y simplistas como los expresados por el autor venezolano. No negaremos desde la aquí la necesidad de transformación de la escuela en muchos ámbitos, pero responsabilizar al profesorado, sindicatos y a la situación de probreza de determinados colectivos y países resulta una opción muy facilona para alguien del currículum de Naím. Pues eso, lo dicho, mucho ruido para muy, muy poquita cosa.


jueves, 15 de febrero de 2018

Docentes magistrales

En los últimos tiempos las redes sociales andan calentitas con el tema de la innovación y la no innovación educativa. Este (falso, a mi entender) debate normalmente se produce entre dos bandos aparentemente irreconciliables: los profesores tradicionalistas y los docentes innovadores. Los primeros, supuestamente, son auténticos diplodocus defensores de la escuela tradicional (sea lo que sea eso), mientras que los segundos son adalides de las nuevas herramientas y estrategias de aprendizaje, léase metodologías activas, flipped classroom, gamificaciones varias y cualquier metodología acabada en ing (para más información véase Mapa léxico de la innovación educativa para despistados).

En este debate ha habido un recurso o herramienta (supongo que tradicional) que, a mi entender, ha sido puesto en el candelero de manera injusta y simplista. Se trata de la clase magistral. Pregunta Jordi Martí en su Educative Innovéision que "¿por qué no hablamos más de la clase magistral? De aquella impartida por quien sabe mucho y además es capaz de capturar la atención de todos los que le están escuchando. Ser capaz de exponer [...] alguna cuestión de interés y no caer en el bostezo repetitivo de quien se halla delante es algo maravilloso". Y es que estoy totalmente de acuerdo. Escuchar y aprender de alguien que tiene profundos conocimientos sobre cualquier tema y que, además, sabe transmitirlos de manera apasionada y directa puede llegar a ser una experiencia memorable. No se explica de otro modo el éxito internacional de plataformas como TED, donde el formato es tan sencillo como el de una persona hablando durante un rato sobre distintos temas.

Pero claro, como cualquier otra herramienta, la clase magistral necesita de cierta pericia y de un dominio de la técnica notable. Todos hemos sido martirizados con clases-ponencias-charlas-conferencias (anti)magistrales, incluso en congresos y jornadas donde lo que se presentaban eran experiencias supuestamente innovadoras basadas en el aprendizaje activo. Cualquiera no puede dar una clase magistral de calidad, igual que cualquiera no puede trabajar por proyectos o montar un curso gamificado. Toda herramienta requiere de una buena preparación y formación. Y la clase magistral, me temo, no es ninguna excepción. También es cierto que, como cualquier otro recurso, quizá sea interesante combinar la clase magistral con otras herramientas que permitan diversificar las estrategias de enseñanza y aprendizaje. Y es que me parece que no hay recurso que sirva de muleta para siempre y para todo. En este sentido, insisto en la idea del docente como navaja suiza (véase Hooligans, negacionistas y navajas suizas).

Pensaba sobre todo ello y me vino a la mente uno de mis profesores de ciencias sociales durante la secundaria y el COU. Es cierto que visto en perspectiva le detecto un montón de tics de los que intento huir como profesional, pero en aquella etapa nos tenía ganados a todos para la causa. Clase tras clase, el tipo se limitaba a desgranar las claves del temario de Historia del arte del COU paseando de lado a lado de la pizarra y enseñándonos un carro de diapositivas azules de tan quemadas como estaban. Y con tan magros recursos conseguía que una chavalada de 35 personas le escuchara embobada y en silencio sepulcral sesión tras sesión. Un servidor debe reconocer que quizá le dedicó más tiempo al futbolín del que debiera durante los años de instituto, pero nunca en las horas de historia o de historia del arte. Y es que eran clases de disfrute asegurado. Y no creo que fuera un cuestión puramente personal. De aquellas promociones acabamos coincidiendo bastantes alumnos en la facultad de historia de la Universidad de Barcelona y me parece que mi profesor, con su método antediluviano, tuvo mucho que ver en ello.

Pues eso, a lo que iba, retomando las palabras de Jordi, creo que "la clase magistral debe existir. Al igual que existen nuevas metodologías de enseñanza. Combinada con lo que sea pero siempre manteniendo su lugar en un entorno de aprendizaje". Se trata de un recurso que, bien utilizado, es rápido, directo e igualmente válido. Ahora bien, cabe dedicarle algún tiempo para evitar que se convierta en el potro de tortura al que nos han sometido más veces de las que, sin duda, merecíamos (o no). Pues eso, desde aquí mi reconocimiento para esos profes que hacen un uso magistral de la clase magistral y que son, por lo tanto, docentes magistrales. 😉


martes, 6 de febrero de 2018

4 años De vuelta

Pues hoy hace cuatro años publicamos por aquí el primer post de De vuelta. Como decimos siempre, no sabíamos entonces que la cosa daría para tanto, la verdad. Este espacio ha servido para conocer a gente fantástica, para desarrollar un montón de proyectos y, sobre todo, para aprender un montón. Así que muchas gracias a los que alguna vez pasáis por aquí a dar un vistazo y especialmente a los que dedicáis un pedacito de vuestro tiempo a dejar vuestras impresiones. ¡No sabéis cómo se agradece!

Un besazo a todos y aquí os dejo con algunas de las entradas más visitadas en todo este tiempo. ¡Seguimos De vuelta!


miércoles, 24 de enero de 2018

¿Estirando el brazo más que la manga?: el día a día de los centros educativos

Mi abuela lo decía a menudo: no hay que estirar más el brazo que la manga. Donde llegue uno, llega. Y punto. Sin más, porque lo contrario lleva a no cumplir con los compromisos adquiridos, a no hacer bien nuestro trabajo o, peor incluso (según mi abuela, claro), a adquirir deudas que lo mismo no se pueden pagar en un futuro. Así que la mujer lo tenía claro: pasito a pasito y buena letra.

Viene esto a colación de una conversación que tuve con una compañera hace unas semanas. Íbamos a recoger unos materiales a horas intempestivas a una librería de una ciudad cercana y reflexionábamos sobre si no estaríamos estirando más los brazos de nuestro centro que las correspondientes mangas (metafóricos ambos, por supuesto). Era, casi, una pregunta retórica, porque ambos sabemos perfectamente que sí, que el centro quizá lleva un tiempo rindiendo por encima de las posibilidades que ofrecen nuestros recursos. Nos animamos rápido, cierto, y no es extraño que a los objetivos definidos por nuestro plan de trabajo anual vayamos añadiendo nuevas propuestas que nos hacen, quizá, rendir por encima de nuestras posibilidades. Y esto, que (creo que) habla muy bien de nosotros en el sentido de estar abiertos a la vida de nuestro entorno inmediato, también puede ser fuente de cierto "colapso docente".

Obviamente, nosotros no somos ninguna excepción. Esto que percibo con total claridad en nuestra escuela, me parece que se reproduce en la mayoría de centros educativos. Si analizamos fríamente la de actividades, proyectos y programas que se manejan diariamente en los centros educativos y los relacionamos con las condiciones objetivas en las que esos programas se llevan a cabo, lo mismo es que, en general, estamos todos un poco estirando más el brazo que la manga. Y no sé si ello conlleva demasiado beneficio.

Porque quizá:
  • Dedicamos demasiado tiempo a aspectos secundarios que podrían quedarse esperando en cola.
  • Perdemos de vista el objetivo final de todo el tinglado.
  • Creamos una dinámica de trabajo que nos bloquea y nos satura como profesionales.
  • Nos quedamos sin tiempo para la reflexión y para compartir con nuestros compañeros.
  • Promovemos la competitividad (interna, pero quizá sobre todo externa) y no favorecemos la cooperación.
  • Generamos propuestas de poco calado y de escaso valor añadido (se acerca el día de la Paz, ¿cuántas palomas vamos a pintar? 😜)
En definitiva, que me parece que sí, que estamos estirando el brazo más que la manga. Lo mismo deberíamos echar un poco el freno, reubicarnos todos un poco y pensar y reflexionar sosegadamente sobre los programas y actuaciones que estamos implementando. Y, además, propongo reservarnos unas horas para hacer lobby a las administraciones de turno para reclamar unas condiciones de trabajo que nos permitan llevar a cabo todas esas propuestas y mejoras que tenemos clarísimo que serían útiles en nuestros centros. ¡Ese sí que sería tiempo bien invertido!


viernes, 12 de enero de 2018

El mejor docente de la galaxia es un hombre

Estos días se han repartido los galardones a los "mejores docentes de España  del 2017" (sic). La verdad es que entre los premiados aparecen algunos nombres que para un servidor son a menudo fuente de inspiración y, sobre todo, garantía de un trabajo bien hecho y de un enorme respeto por la profesión y por su comunidad educativa. A otros muchos galardonados (el uso del género masculino no es casual, luego hablamos de ello) no tengo el placer de conocerlos, aunque estoy seguro de que la gran mayoría ejercen su trabajo con una profesionalidad fuera de toda duda. En cualquier caso, las redes han ido calentitas estos días debatiendo sobre la cuestión: que si postureo por un lado, que si envidias por otro; que si los premiados casualmente suman miles de seguidores en Twitter, que si los críticos contribuyen a perpetuar un modelo de escuela inmovilista... En fin, el ruido de siempre.

Supongo que para muchos de los críticos las dudas vienen, y seguro que no digo nada nuevo, por el carácter individual del premio. La profesión docente, según la entiende un servidor, es una labor que se desarrolla en comunidad, en la que el individualismo que visibiliza este tipo de premios no debería tener demasiado sentido. Perdón por la comparación, pero pasa un poco como con los premios individuales en deportes colectivos: resulta difícil destacar cuando tu entorno no acompaña. Selecciona al mejor jugador de fútbol del mundo (Messi no cuenta, ese animal es capaz de cualquier cosa) y ponlo en un equipo mediocre. Seguro que sus prestaciones bajarán enteros, qué duda cabe. Pues a nivel educativo me temo que sucede lo mismo. Coge al mejor maestro de España, del mundo si quieres, y ponlo en un contexto educativo de máxima complejidad sin apoyos y sin los recursos necesarios... En fin, que milagros a Lourdes.

Por otro lado, hay profesionales de la educación que consideran que, como mínimo, estos premios contribuyen a visibilizar y prestigiar una profesión tan denostada en los últimos tiempos como es la docente. Pues lo mismo no les falta razón, claro. Siempre está bien reconocer el trabajo de profesores, equipos directivos, blogs, asociaciones de madres y padres y de cualquier entidad vinculada a lo educativo. El problema quizá radica en que esta visibilización se limite a contribuir a la aparición de un modelo de profe-star innovador estrechamente ligado a grandes marcas (editoriales, grupos de comunicación, grandes empresas del sector tecnológico, banca o... ¡clínicas odontológicas! 😲) y que ello arrincone el que quizá debería ser el debate central del panorama educativo: la necesidad de políticas públicas que contribuyan a reducir desigualdades y a mejorar las condiciones de trabajo de muchos profesionales de la educación. Porque unas mejores condiciones de trabajo generan, además de mejores docentes, unas mejores condiciones de aprendizaje, que al final es de lo que se trata.

Y sé de sobra, porque conozco a algunos de los premiados, que no hace falta que nadie les recuerde esto porque muchos de ellos lo viven en sus aulas y en sus centros a diario. Pero también habrá alguno que cegado por los focos o, quizás, por un entorno social y académico menos árido pierda un poco de vista lo verdaderamente importante del asunto y no aproveche estos escaparates para hacer el debido retorno a su comunidad educativa. O lo mismo no, claro, que uno a veces se pone muy enrevesado. Además, tampoco se trata de demonizar este tipo de eventos. A uno puede ser que no le interesen demasiado, pero tampoco se acaba el mundo porque un banco decidar promocionar tal o cual modelo. Quizá deberíamos estar por encima de ello. Y es que a menudo el mejor desprecio es no hacer aprecio...

Y, por último, la cuestión de género. Vamos a los números. No sé, me sorprende que entre los 50 docentes nominados solo haya 9 mujeres y que entre 15 más votados entre todas las categorías solo aparezcan 3. ¡3!  Como diría aquel: "No hase falta desir nada más". Bueno sí, que lo mismo podríamos darle una vuelta a estos de los premios y, sobre todo, que lo de la cuestión  de género no puede esperar ni un minuto más. Porque me temo que en este preciso instante ya hay algún ejecutivo del área de marketing de alguna gran multinacional o fundación pensando en crear los premios al mejor docente de la galaxia y, sabéis qué, no tengo ninguna duda del género del primer galardonado con tan magno honor.


lunes, 8 de enero de 2018

Educación para la igualdad: lista de tareas pendientes

Estos posts sobre coeducación los escribo siempre desde el más absoluto de los miedos respetos. Ya explicaba en (También) soy machista mi posición al respecto. No se trata de ponerse la venda antes de la herida, ni mucho menos, ni de fustigarse simplemente por ser un hombre, faltaría más. Eso sí, creo que desde nuestra posición debemos ser especialmente sensibles respecto un tema en el que, normalmente, el simple hecho de ser hombres nos sitúa en un punto de partida notablemente más cómodo que el de nuestras compañeras mujeres. Por no hablar, por supuesto, de otros colectivos que quedan al margen del tradicional planteamiento binario hombre-mujer.

En fin, viene todo esto a cuento por la necesidad de un servidor de ponerse manos a la obra para evitar que su trabajo en términos de coeducación quede reducido a la simple realización de actividades puntuales más o menos exitosas pero, en cualquier caso, anecdóticas. Se trata, pues, de dotarse de una especie de decálogo coeducativo interiorizado en la propia práctica profesional para contribuir, en la medida de lo posible, a la erradicación de la situaciones de discriminación tan flagrantes como las relacionadas con las cuestiones de género. Así pues, me autosugiero:
  1. Visibilizar el trabajo de las mujeres desde el currículum académico. Un ejemplo. El estudio de la educadora e investigadora Cécile Barbeito Observatori de llibres de text. Anàlisi de la didàctica de les ciencies socials des d'una perspectiva de pau (2017) publicado por el Institut Català Internacional per la Pau detectó que un 93% de los personajes que aparecen en los libros de texto de tercero de la ESO con nombres y apellidos son hombres. Y del porcentaje correspondiente a las mujeres, un 35% no consta por su propio papel, sino como mujer, madre o hija de un hombre. ¿Un 93%? 😖 Me temo que no estamos haciendo un tratamiento demasiado equitativo de la cuestión. Y es que el papel de las mujeres en TODAS las disciplinas académicas presentes en los currículos de turno es, me parece, superior a ese 7% que refleja el estudio en cuestión. Seguro que, en este sentido, podemos hacer mucho por sacar a la luz todo ese trabajo sepultado por el peso del "currículum masculino".  
  2. Crear líneas de trabajo conjuntas para visibilizar y atacar la cuestión de la desigualdad. Se trata de superar el esquema de trabajo individual (y a menudo invisible) en el aula para desarrollar iniciativas colectivas que profundicen en el análisis, reflexión y denuncia. Sin duda, el trabajo transversal y en red entre los miembros de la comunidad educativa va a ofrecer resultados más potentes y efectivos que las acciones individuales que podamos llevar a cabo. Así pues, no parece una mala idea bien sumarse a las propuestas desarrolladas por el resto del equipo, bien comunicar las propias iniciativas para conseguir nuevos socios que las potencien y enriquezcan.
  3. Insistir en la celebración de actividades de concienciación contra la desigualdad. Aunque, a veces, los resultados sean frustrantes y generen la sensación de batalla perdida. No son pocas las propuestas de concienciación que afrontamos desde la absoluta motivación y que acaban, si no como el rosario de la aurora, sí con comentarios, actitudes y reflexiones muy alejadas de los propósitos de la actividad (normalmente, claro, por parte del público masculino -aunque no solo). Bien, cabe seguir plantando batalla y no desistir ante la respuesta de determinados colectivos. De hecho, es precisamente esa respuesta la que debe seguir motivándonos a continuar programando y pensando nuevos modos de trabajar.
  4. Seguir formándonos como agentes de cambio contra la desigualdad. Leyendo, estudiando, atendiendo cursos y formaciones, contactando con asociaciones y/o otros centros que estén trabajando en propuestas concretas... Son muchas las vías para ampliar nuestro bagaje en términos de educación para la igualdad, si bien es cierto que son las distintas administraciones educativas quienes deberían potenciar este aspecto con formaciones prácticas  accesibles al conjunto del profesorado.
  5. Huir de los clásicos estereotipos de género (también) en el ámbito escolar. Es decir, esa visión tradicional del asunto que categoriza a las chicas como "buenas, tranquilas, ordenadas y pulidas" y a los chicos como "fuertes, rebeldes e irracionales". Y es que, aun siendo conscientes de la limitación y de la simplificación que suponen, quizá contribuimos de manera inconsciente a su perpetuación más a menudo de lo que creemos. De hecho, existen numerosos estudios que apuntan que la existencia de estos juicios escolares tiene una influencia notable en el día a día del aula en términos de qué y cómo se enseña, en cómo el profesorado se relaciona con su alumnado, en cómo se organizan los espacios escolares o en la propia concepción que tienen los docentes sobre las habilidades y disciplinas más o menos "femeninas". Esto último tiene una clara repercusión en las trayectorias formativas y profesionales de los jóvenes una vez acceden a estudios superiores. ¿Cómo se explica, de lo contrario, la reducida matrícula general de mujeres en estudios de ingeniería o de arquitectura, por ejemplo?
  6. Comprender nuestras propias autolimitaciones. Porque hemos sido educados en una sociedad con roles de género muy determinados y podemos, sin quererlo, estar contribuyendo a su reproducción. Para evitarlo, pues, debemos autoanalizarnos (sin caer en la paranoia, claro) y tratar de erradicar aquellas conductas y/o pensamientos que no se ajusten a la filosofía de educación para la igualdad que queremos promover. Para ello resulta imprescindible que reconozcamos el sistema de desigualdad imperante y los mecanismos de corrección de la misma. (Aquí volver al punto 4)
  7. Identificar la educación para la igualdad como innovación (de la buena). Porque no hay innovación más potente que aquellas acciones que contribuyen a erradicar situaciones de desigualdad entre las personas. Así pues, habrá que ubicar la cuestión en la lista de tops to-do y, en consecuencia, dedicarle el tiempo y los recursos necesarios para trabajarla en condiciones.
  8. Utilizar materiales alternativos, ajenos a prejuicios excluyentes por cuestiones de género pero también de nacionalidad, edad, religión, etc. Y es que parece claro que muchos materiales pueden pecar de responder a prejuicios y/o estereotipos no tanto por las ideas que muestran (que también) sino por los contenidos o perfiles que omiten.  Porque de todos es sabido que lo que no se nombra no existe. No parece mala idea, pues, hacer una selección de materiales que contribuya de manera efectiva a la sensibilización del alumnado.
  9. Hacer de la educación para la igualdad una cuestión del día a día, que supere el marco habitual de los Días de... para pasar a ser una cuestión estratégica en la gestión del aula y de los centros. 
  10. Atender la cuestión de la igualdad también desde el lenguaje. Y no me refiero tanto al hecho de usar la @ o la x en los plurales, o de doblar constantemente masculino y femenino, sino de tratar de no reproducir las desigualdades de género existentes mediante el uso del lenguaje. Quizá se trate, tan solo, de aplicar un poco de sentido común al asunto y ponerle atención a las palabras que nos nombran para que siempre estemos representados hombres, mujeres y los distintos colectivos que forman nuestra sociedad. A poco que nos esforcemos, creo que podemos hacerlo mucho mejor también en este sentido.
  11. Y por último, (bonus track para el sector masculino), escuchar más, hablar menos, reflexionar más sobre la cuestión y, sobre todo, pasar a la acción

Pues eso, me callo y al lío. 💪