domingo, 18 de febrero de 2018

La educación de la estafa

Leo con atención a Moisés Naím en el El País (¿Cuál es la mayor estafa del mundo? La educación) y no dejo de sorprenderme de que discursos tan simplistas y vacíos consigan tanta resonancia mediática y, me temo, tanto aplauso en según qué foros. Plantea Naím, según lo entiende un servidor, que la escuela es un espacio donde se aprende poco, o nada directamente, y que, por si fuera poco, cuesta mucho dinero a los estados. Pues sí, mal que le pese a algunos la escuela cuesta dinero. Hay que pagar a personas para que desarrollen su trabajo y hay que mantener unas infraestructuras decentes para que las personas se puedan formar. Aunque siempre podríamos privatizar el chiringuito, ¿verdad?

Además, como lo tiene clarísimo, el escritor venezolano se arranca y se anima a señalar a los principales culpables de que la escuela se haya convertido en un espacio vacío de contenido. Primero, por supuesto, que "muchos de los maestros son tan ignorantes como sus estudiantes y que sus niveles de absentismo laboral son muy altos". Otra de las causas la ubica en el freno que suponen los sindicatos para la renovación de la profesión. Claro, mucho mejor una educación sin representantes sindicales que torpedeen las innovadoras políticas de los gobiernos de turno. Pero seamos justos con Naím, señala también, de pasada eso sí, que la malnutrición o la falta de medios en según qué países podrían ser también causa del fracaso de la escuela como espacio de aprendizaje.

Y ya puestos, pues se anima a iluminarnos con sus propuestas para solucionar tal desbarajuste. Con un párrafo le basta, oigan. Primero, medir para tomar decisiones. Uno tiene la sensación de que estamos constantemente midiéndonos pero a Naím todas las pruebas, reválidas y diagnósticos del sistema educativo mundial le saben a poco. Es insaciable y quiere todavía más. Como segunda propuesta proclama la necesidad de "darle más peso a la calidad de la educación". No añade mucho más, así que esperaremos un nuevo artículo en El País para ver si profundiza en la idea. Agárrense que para la tercera y la cuarta propuestas que nos permitirán revolucionar el sistema educativo mundial Naím empeña la friolera de tres líneas y media: "Tercero: empezar más temprano. Cuanto más mejore la educación a edades tempranas, más capaces de aprender serán los estudiantes de primaria y secundaria. Cuarto: usar la tecnología de manera selectiva y no como una solución mágica. No lo es". 👏👏👏

En fin, lo dicho, con muy poco Naím se empeña en desprestigiar una institución, la escuela, que sin duda presenta grandes problemas y retos pero que no pueden ser abordados de manera seria con planteamientos tan maniqueos y simplistas como los expresados por el autor venezolano. No negaremos desde la aquí la necesidad de transformación de la escuela en muchos ámbitos, pero responsabilizar al profesorado, sindicatos y a la situación de probreza de determinados colectivos y países resulta una opción muy facilona para alguien del currículum de Naím. Pues eso, lo dicho, mucho ruido para muy, muy poquita cosa.


jueves, 15 de febrero de 2018

Docentes magistrales

En los últimos tiempos las redes sociales andan calentitas con el tema de la innovación y la no innovación educativa. Este (falso, a mi entender) debate normalmente se produce entre dos bandos aparentemente irreconciliables: los profesores tradicionalistas y los docentes innovadores. Los primeros, supuestamente, son auténticos diplodocus defensores de la escuela tradicional (sea lo que sea eso), mientras que los segundos son adalides de las nuevas herramientas y estrategias de aprendizaje, léase metodologías activas, flipped classroom, gamificaciones varias y cualquier metodología acabada en ing (para más información véase Mapa léxico de la innovación educativa para despistados).

En este debate ha habido un recurso o herramienta (supongo que tradicional) que, a mi entender, ha sido puesto en el candelero de manera injusta y simplista. Se trata de la clase magistral. Pregunta Jordi Martí en su Educative Innovéision que "¿por qué no hablamos más de la clase magistral? De aquella impartida por quien sabe mucho y además es capaz de capturar la atención de todos los que le están escuchando. Ser capaz de exponer [...] alguna cuestión de interés y no caer en el bostezo repetitivo de quien se halla delante es algo maravilloso". Y es que estoy totalmente de acuerdo. Escuchar y aprender de alguien que tiene profundos conocimientos sobre cualquier tema y que, además, sabe transmitirlos de manera apasionada y directa puede llegar a ser una experiencia memorable. No se explica de otro modo el éxito internacional de plataformas como TED, donde el formato es tan sencillo como el de una persona hablando durante un rato sobre distintos temas.

Pero claro, como cualquier otra herramienta, la clase magistral necesita de cierta pericia y de un dominio de la técnica notable. Todos hemos sido martirizados con clases-ponencias-charlas-conferencias (anti)magistrales, incluso en congresos y jornadas donde lo que se presentaban eran experiencias supuestamente innovadoras basadas en el aprendizaje activo. Cualquiera no puede dar una clase magistral de calidad, igual que cualquiera no puede trabajar por proyectos o montar un curso gamificado. Toda herramienta requiere de una buena preparación y formación. Y la clase magistral, me temo, no es ninguna excepción. También es cierto que, como cualquier otro recurso, quizá sea interesante combinar la clase magistral con otras herramientas que permitan diversificar las estrategias de enseñanza y aprendizaje. Y es que me parece que no hay recurso que sirva de muleta para siempre y para todo. En este sentido, insisto en la idea del docente como navaja suiza (véase Hooligans, negacionistas y navajas suizas).

Pensaba sobre todo ello y me vino a la mente uno de mis profesores de ciencias sociales durante la secundaria y el COU. Es cierto que visto en perspectiva le detecto un montón de tics de los que intento huir como profesional, pero en aquella etapa nos tenía ganados a todos para la causa. Clase tras clase, el tipo se limitaba a desgranar las claves del temario de Historia del arte del COU paseando de lado a lado de la pizarra y enseñándonos un carro de diapositivas azules de tan quemadas como estaban. Y con tan magros recursos conseguía que una chavalada de 35 personas le escuchara embobada y en silencio sepulcral sesión tras sesión. Un servidor debe reconocer que quizá le dedicó más tiempo al futbolín del que debiera durante los años de instituto, pero nunca en las horas de historia o de historia del arte. Y es que eran clases de disfrute asegurado. Y no creo que fuera un cuestión puramente personal. De aquellas promociones acabamos coincidiendo bastantes alumnos en la facultad de historia de la Universidad de Barcelona y me parece que mi profesor, con su método antediluviano, tuvo mucho que ver en ello.

Pues eso, a lo que iba, retomando las palabras de Jordi, creo que "la clase magistral debe existir. Al igual que existen nuevas metodologías de enseñanza. Combinada con lo que sea pero siempre manteniendo su lugar en un entorno de aprendizaje". Se trata de un recurso que, bien utilizado, es rápido, directo e igualmente válido. Ahora bien, cabe dedicarle algún tiempo para evitar que se convierta en el potro de tortura al que nos han sometido más veces de las que, sin duda, merecíamos (o no). Pues eso, desde aquí mi reconocimiento para esos profes que hacen un uso magistral de la clase magistral y que son, por lo tanto, docentes magistrales. 😉


martes, 6 de febrero de 2018

4 años De vuelta

Pues hoy hace cuatro años publicamos por aquí el primer post de De vuelta. Como decimos siempre, no sabíamos entonces que la cosa daría para tanto, la verdad. Este espacio ha servido para conocer a gente fantástica, para desarrollar un montón de proyectos y, sobre todo, para aprender un montón. Así que muchas gracias a los que alguna vez pasáis por aquí a dar un vistazo y especialmente a los que dedicáis un pedacito de vuestro tiempo a dejar vuestras impresiones. ¡No sabéis cómo se agradece!

Un besazo a todos y aquí os dejo con algunas de las entradas más visitadas en todo este tiempo. ¡Seguimos De vuelta!