jueves, 20 de abril de 2017

Abuelas, robots y educación

Hace unas semanas los compañeros del CEPA Sierra Norte organizaron las I Jornadas de programación y robótica en educación de adultos. Se trataba, a mi entender, de un evento académico-festivo desde donde, por un lado, difundir los trabajos realizados por el alumnado en este campo tecnológico mientras que, por otro, permitía poner de manifiesto el vigor de la educación permanente y, por supuesto, del propio CEPA como núcleo organizador de experiencias educativas innovadoras. El evento fue un auténtico éxito en términos de participación. Alumnado y profesorado del propio CEPA, pero también personas ajenas a la propia comunidad educativa e incluso docentes de centros de adultos de otras comunidades autónomas, siguieron con atención la jornada.

La verdad es que un servidor no anda muy interesado en robótica y programación, para qué nos vamos a engañar. Y no es solo a causa de un cierto analfabetismo científico, al cual se intenta poner remedio poco a poco, dicho sea de paso. Y es que son otros los campos que atraen mi atención e intereses. No obstante, ello no resulta obstáculo para apreciar el poder transformador y educativo que la robótica y la programación pueden tener en un centro educativo y, por supuesto, también en los centros de adultos.

Revisando los materiales de la jornada encontré varios vídeos en los cuales, alumnado de los grupos de neolectores y alfabetización, señores y señoras de edad avanzada, mostraban orgullosos sus “creaciones robóticas” en distintos ámbitos. Más allá de la calidad de los trabajos, intuyo que más que notables, y de la propia robótica como disciplina más o menos de moda, lo verdaderamente significativo, en mi opinión, era apreciar la ilusión del alumnado por su trabajo. Hombres y mujeres, en principio alejados de tal disciplina por una enorme brecha digital y generacional, volcados absolutamente en el aprendizaje y en la creación de sus propios robots superando etiquetas y prejuicios de todo tipo y condición.

Así pues, me parece que la jornada organizada por el CEPA Sierra Norte resulta una clara muestra del poder transformador y de la fuerza educativa de los centros de educación de personas adultas. En este caso se trató de robótica y programación, pero podría haber cualquier otra disciplina o materia de estudio. El caso es que, una vez más, se pone de manifiesto que una comunidad educativa que rema en la misma dirección es capaz de organizar eventos y experiencias de aprendizaje tan potentes como las presentadas por los compañeros del Sierra Norte. Y ello, por supuesto, también en los centros de adultos.

Me gusta pensar, pues, que si mi abuela hubiera sido alumna del CEPA Sierra Norte podría haber enseñado a su nieto un par de trucos con su propio Arduino. De hecho, estoy convencido que, a día de hoy, algunos nietos continúan alucinando por la Sierra madrileña con los trabajos realizados por sus mayores. ¡Muchas felicidades a toda la comunidad educativa y, por supuesto, muchas gracias por el ejemplo! ;)

lunes, 10 de abril de 2017

Out of the office

Pues como es habitual por estas fechas, paramos unos días para disfrutar de un merecido descanso en familia. ¡Nos vemos en unos días DE VUELTA!



viernes, 7 de abril de 2017

El deseo de aprender (y II)

Escribíamos hace unos días sobre el "deseo de aprender" destacando el valor en cuanto a aprendizaje de un sinfín de situaciones que, a priori, no resultaban demasiado deseables. No obstante, concluíamos que, a pesar de todo, optar por favorecer el deseo de aprender no parece una mala estrategia dentro del aula aunque, eso sí, sin cargarnos de la presión derivada de planteamientos tan categóricos como el "solo se aprende cuando se quiere".

Así pues, ¿cómo hacer para favorecer el deseo de aprender de nuestro alumnado? Aquí van algunas propuestas a las que un servidor trata de contribuir en nuestras clases:
  • Adaptar los tiempos y los contenidos a la realidad del alumnado que tienes delante. Considero que propuestas de trabajo realistas y adaptadas al grupo favorecen un clima mucho más propicio para el aprendizaje.
  • Dar poder de decisión al alumnado escuchando su opinión sobre asuntos importantes. No pasa nada porque los estudiantes tomen decisiones sobre aspectos importantes (calendario, modelo de evaluación, etc). No se trata, en ningún caso, de dejación de funciones, sino de crear espacios de trabajo pactados con el alumnado y, por lo tanto, más eficaces. No obstante, me consta que hay a mucha gente a la que esto le pone nerviosa. Y es que parece que todavía hay  muchas "Cosas que no se negocian"...
  • Tratar de generar sitaciones de aprendizaje ligadas a la realidad y a los intereses del alumnado. Cuando el trabajo en el aula (o fuera de ella) revierte en la realidad del centro y del alumnado todo cobra mucho más sentido y, sin duda, resulta mucho más motivador.
  • Ofrecer espacios reales para que el alumnado autoevalúe y coevalúe su trabajo. Se trata de ofrecer tiempo de calidad y, sobre todo, otorgar valor a la opinión de nuestro alumnado sobre su trabajo y el de sus compañeros. Para ello procuramos favorecer la participación activa en los procesos de evaluación y el ejercicio de la autocrítica (también docente) en los mismos.
  • Mostrar una actitud motivadora. Todos lo hemos vivido en nuestras carnes. Ver entrar por la puerta a un docente que derrocha energía, vitalidad y ganas puede contribuir a situarnos en un plano de trabajo mucho más proactivo que detectar que el profesor o la profesora que tenemos delante no tiene demasiado interés por lo que hace. No siempre funciona, por supuesto, pero una actitud motivadora y enérgica puede ser un gran gancho para atraer a ese alumnado más reacio al trabajo.
  • Ser transparente y cercano en nuestras decisiones. Mostrarnos empáticos y ser claros y transparentes en nuestras decisiones puede favorecer un clima de trabajo mucho más proactivo y cómodo en el aula.
  • Favorecer la "creación de cosas". Porque gran parte del aprendizaje se obtiene desde un plano práctico. Así pues, hagamos "cosas" que, a ser posible, nos permitan traspasar las fronteras del aula y situarnos fuera de eso que llaman nuestra zona de confort.
  • Ser variado. Porque no podemos hacer siempre lo mismo y de la misma manera. Intenta "no tener método" o si lo tienes, que este sea lo más variado posible. Intuyo que tu alumnado lo agradecerá.
  • Promover el juego. Y es que jugando se aprende. Tampoco hace falta que te líes con insignias y badgets de multinivel y tal. O sí, tú mismo. El caso es que podemos usar el juego no solo para desengrasar nuestra práctica docente, sino también para aprender un montón. 
  • Y, sobre todo, cultivar el sentido del humor, establecer unas buenas relaciones personales con el alumnado  y promover la cohesión del grupo. Y es que aprender en un espacio donde uno no se siente cómodo no parece la mejor opción posible.
En resumen, aquí van solo algunas idea para favorecer eso que se ha llamado el "deseo de aprender".  Sin volvernos locos pero tratando de incentivar planteamientos de aprendizaje alternativos más ricos y variados. Seguro que tu tienes tus propias estrategias, ¿te animas a compartirlas en comentarios?



miércoles, 29 de marzo de 2017

El deseo de aprender (I)

Dicen por ahí que si no se quiere, no se aprende. Que si no existe una verdadera motivación detrás del aprendizaje, este no puede existir. No puedo estar más en desacuerdo con esta afirmación. De hecho, me parece que a fuerza de repetirla a modo de mantra, en foros más o menos innovadores, se está convirtiendo en un tópico de cartón-piedra cada vez más simple y ramplón.

Básicamente, no estoy de acuerdo (o, al menos, le encuentro muchos matices) porque echo un vistazo a mi propia experiencia y me doy cuenta de que he aprendido infinidad de cosas y he entrenado numerosas cualidades y habilidades personales mediante experiencias y situaciones que no tenía ningún deseo de vivir. Y no solo estoy pensando en profesores y contenidos curriculares muy alejados de mis intereses personales, sino en muchos capítulos de mi vida que, a priori, hubiera preferido vivir de otro modo. No ha habido "deseo de aprender" en muchos de mis trabajos y en muchas de mis experiencias vitales y, en cambio, quizá son de las que más aprendizajes he podido extraer.

Y es que, en mi opinión, me parece que aprendemos siempre, es decir, por defecto. Y que, consciente o inconscientemente, todas las experiencias vividas generan un poso de aprendizaje que va configurando nuestra manera de enfrentarnos a la vida y al propio hecho de aprender. Aun sabiendo que se trata, quizá, de una frase hecha, pretender que el aprendizaje se produce solo cuando existe deseo me parece una exageración que nos pone, como docentes, un punto excesivo de presión que quizá no merecemos. 

Me parece que hay veces en las que hay que hacer cosas "porque hay que hacerlas". Y no pasa nada. Quiero decir, que muchas de nuestras obligaciones (también en el ámbito escolar) muchas veces están alejadas de nuestros propios intereses y deseos y no por ello debemos renegar del aprendizaje que su desarrollo puede generar. Y, además, me parece que este puede ser de gran relevancia, especialmente en términos de responsabilidad, resiliencia, adaptación, autonomía, etc. Ligar aprendizaje a deseo me parece un arma de doble filo que se nos puede girar en contra. Y sé perfectamente que "aprender deseando" no significa renunciar al trabajo y a la responsabilidad, ni mucho menos. Pero olvidar o dejar de afrontar situaciones no deseadas puede provocarnos una enorme frustración cuando debamos hacerlo porque, siento decirlo, tarde o temprano estas van a llegar.

Dicho esto, y puede sonar contradictorio, me autoexijo como docente el hecho de favorecer "el deseo de aprender" de mi alumnado, de generar situaciones de aprendizaje motivantes que faciliten, también, aprendizajes reales y eficaces. ¿Cómo? De eso tratará el próximo post. De momento, aunque suene raro, quisiera romper una lanza en favor de todas esas experiencias que, a priori, no deseamos vivir pero que han generado un enorme aprendizaje en nuestras vidas. ¿Te apetece compartir alguna de ellas?



jueves, 23 de marzo de 2017

Los "días internacionales de" y otras historias

Informamos de nuevas entradas en la página Diccioadultos. Ya sabes que por aquí vamos dejando algunos conceptos clave sobre la formación de personas adultas, aunque muchos son aplicables, por supuesto, a cualquier etapa educativa. Echa un vistazo, pues, y nos cuentas.

A

Aprendizaje-Servicio: Excelente oportunidad para abrir el centro a las necesidades y demandas del entorno. Trabajo en comunidad que enriquece el aprendizaje (de todos). También, por supuesto, en los centros de adultos.

B

Buenas prácticas: Conjunto coherente de acciones que han rendido buen o incluso excelente servicio en un determinado contexto y que se espera que en contextos similares rindan similares resultados. Aunque parezca mentira a tenor de su escasa visibilidad, también presentes en la educación de personas adultas.

D

"Día internacional de...": Práctica habitual en los centros educativos (implementada con la mejor de las intenciones) para celebrar la paz, la infancia y un sinfín de motivos y reivindicaciones. Acompañado de un conjunto de acciones prolongadas en el tiempo puede tener cierto impacto. De lo contrario hablamos de simple postureo. Por cierto, entrada pendiente, la de postureo. Si alguien se anima...

Dislexia: Alteración de la capacidad de leer por la que se confunden o se altera el orden de letras, sílabas o palabras. Una de las grandes necesidades formativas que tenemos en los centros de adultos.

E

Equipo docente: Unidad elemental de trabajo para (tratar de) conseguir resultados integrales. Cuida y refuerza en lo posible el tuyo. Aunque no te lo creas, forma parte de tu red de seguridad y te permitirá mejorar tus resultados.

P

Pensamiento crítico: Habilidad para analizar, entender y evaluar la manera en la que se organiza y/o representa el mundo, especialmente las afirmaciones que suelen considerarse como verdaderas. ¿Lo tienes en cuenta en tu práctica docente?

Ya sabes que puedes hacer llegar tus aportaciones por distintas vías: twitter, comentarios, mail y tal. Para leer el resto del glosario ves a Diccioadultos.


lunes, 13 de marzo de 2017

Proyectos de entorno: 10 motivos para abrir los centros a la comunidad

Este curso, en nuestro centro, tenemos entre manos varios proyectos abiertos a la comunidad. Aun tratandose de proyectos de muy diferentes características, todos tienen en común una idea central: se trata de propuestas de aprendizaje que tienen implicaciones y, por tanto, repercusión en nuestro entorno inmediato. Además, son proyectos que realizamos conjuntamente con otras instituciones y empresas del territorio, lo cual nos obliga a estar en constante contacto con personas de fuera de nuestro entorno académico. En definitiva, hablamos de propuestas que nos obligan (al alumnado, pero también al equipo docente) a salir de nuestra zona de confort y, por tanto, a exponernos a mayores riesgos, aunque seguramente también a un aprendizaje más rico e intenso.

Pero, ¿por qué abrir nuestros centros al entorno? Aquí van algunos posibles motivos:
  1. Porque nos permite incidir en nuestro entorno, aportando soluciones o simplemente haciéndonos preguntas sobre las necesidades de la comunidad.
  2. Porque nos obliga a escuchar a otros agentes del territorio y, por tanto, nos permite tener una visión más completa de la realidad al salir de nuestra burbuja académica.
  3. Porque al abrir las puertas del centro permitimos que "pasen cosas", que se establezca una nueva relación con el entorno que puede ofrecer posibilidades y alternativas que ni siquiera imaginamos.
  4. Porque nos facilita esquivar los roles tradicionales de estudiantes-docentes y nos permite trabajar desde otras perspectivas mucho más enriquecedoras.
  5. Porque originamos propuestas de trabajo transversales y mucho más completas.
  6. Porque al estar en contacto con la realidad de nuestro entorno favorecemos la creación de situaciones de aprendizaje más motivadoras y sugerentes para el alumnado (y para los equipos docentes).
  7. Porque facilitamos el trabajo entre distintas etapas y formaciones, lo cual contribuye, sin duda, a fortalecer la cohesión social y a enriquecer las propuestas de aprendizaje.
  8. Porque nos mostramos como una institución abierta e innovadora, atenta a las necesidades e intereses de la comunidad.
  9. Porque abriéndonos al entorno podemos decubrir (y aprovechar) recursos que quizá no sabíamos que existían.
  10. Y, por último, porque, como hemos dicho, exponiéndonos a nuevas situaciones y retos, corriendo mayores riesgos, nos exponemos a equivocarnos. Y ahí, me temo, está el verdadero aprendizaje.
Sin duda este tipo de propuestas generan y requieren de un notable esfuerzo por parte de todos los agentes del centro. No obstante, parece evidente que los beneficios reportados son mucho mayores que los esfuerzos. Al menos a nosotros nos compensa. Y tú, ¿te atreves a añadir algún motivo más?



miércoles, 8 de marzo de 2017

Dogmas e innovación educativa

Hace unas semanas coincidí con varios amigos en el marco de una formación sobre proyectos de aprendizaje en los centros de personas adultas. Repasando estrategias y herramientas de evaluación, se presentaron proyectos o tareas integradas de distintas características, a veces alejadas del prototipo más o menos rígido de lo que algunos plantean que debería ser un proyecto según el ABP. Recuerdo que en un momento de la sesión planteé mi total desinterés por los "etiquetajes metodológicos", señalando la pereza que me generan este tipo de discusiones y su, en mi opinión, escasa utilidad en términos de aprendizaje. Me alegró enormemente coincidir en mi apreciación con el resto de docentes allí presentes.

No obstante, no es extraño toparse en la red con artículos y publicaciones que marcan el camino a seguir  para aplicar tal o cual metodología o herramienta educativas. Quizá incluso en este blog puedas encontrar alguno que otro (me refiero a los medio serios, claro). Así pues, buceando por la red puedes encontrar los "7 pasos para aplicar el ABP", "Las 10 estrategias que no puedes obviar para gamificar tus clases" o "Las claves para preparar una flipped classroom". No siempre es el caso, por supuesto, pero en muchas ocasiones más que unos pasos, estrategias o claves, los consejos en cuestión se convierten en una especie de libro de fe que debemos seguir a rajatabla, una receta que haya que aplicar paso a paso si queremos que el pastel (educativo, en este caso) salga perfecto. Y es que hay mucho talibán suelto y en seguida que uno no aplica los mandamientos de turno al pie de la letra ya se oye la frasecita de marras: "pero eso no es un proyecto", "esto no es gamificación" o "la flipped es otra cosa". En fin...

En mi opinión, toda metología y/o herramienta educativa tiene sus aspectos positivos y sus limitaciones. No se me ocurre que ninguna metodología pueda funcionar con todo el mundo, en todo momento y en cualquier lugar y etapa educativa. Es por ello que me siento mucho más cómodo con planteamientos flexibles y abiertos, que combinan elementos y/o aspectos de distintas metodologías (sin renunciar a algunas tradicionales) y, sobre todo, diversas herramientas de evaluación. Ya hablamos por aquí en Mi método del miedo que generan, al menos a un servidor, esos profesionales de la educación con método preestablecido, esos docentes de planificación (innovadora o tradicional) rígida, que no tienen en cuenta ni el momento ni las personas con las cuales va a trabajar.

Partiendo de este posicionamiento, no caben en mi práctica docente dogmas de fe. No me inquieto demasiado al combinar herramientas y metodologías de distinto tipo. Es más, considero que un uso de recursos variados puede contribuir enormemente a generar posibilidades de aprendizaje ricas y diversas. Esto no quita que uno se equivoque (más de lo que quisiera), por supuesto, pero, eso sí, huyendo del talibanismo metodológico como de la peste. En mi opinión, se trata de no cerrarse en banda, abrir los ojos y los oídos, y de adaptar las estrategias y recursos al panorama que uno tiene delante. Sin dogmatismo ni rigidez. Así pues, dejemos los dogmas para las personas de fe y flexibilicemos nuestra práctica docente. ¡He dicho! ;)