miércoles, 18 de abril de 2018

Por un ejercicio de la docencia humanizador (o no)

Los acontecimientos de las últimas semanas me llevan a reflexionar sobre las cualidades personales que pueden resultar útiles para cualquier profesión relacionada con la atención a las personas y, en especial (por cuestiones obvias) para la profesión docente. Me salen las siguientes. Pido perdón por adelantado por las obviedades.

En primer lugar, interés por el otro, ya sean alumnos, compañeros de centro, otros docentes o cualquier otro agente de la comunidad educativa. Claro que podemos ejercer como profesores sin preocuparnos por nada ni por nadie. Pero no solo vamos a desarrollar un mejor trabajo si conocemos los intereses y condicionantes de nuestro entorno, sino que se trata de una habilidad que nos humaniza y contribuye a forjar relaciones sociales que contribuyen a crear ambientes de trabajo más agradables y, por tanto, eficaces. Para ello hay que hablar, claro. Preguntar, escuchar, dialogar, compartir... En definitiva, mostrarse dispuesto al intercambio y al diálogo con el resto del mundo. Y es que hay gente que se encierra en su mundo y, chico, no hay manera...

En segundo lugar, mostrarnos cercanos y accesibles contribuye también a ofrecer una cara más amable a los miembros de nuestro entorno y, por tanto, puede favorecer una mayor interacción y, sobre todo, cuando esta se produce, intercambios de mayor calidad. No me refiero con esto al “colegueo” entre docentes o con el alumnado en el que pueden estar pensando algunos, sino simplemente a mostrarnos abiertos a aquellas personas con las que, nos guste o no, tenemos que desarrollar nuestro trabajo.

Otro aspecto importante para favorecer relaciones eficaces de trabajo reside en establecer una comunicación abierta y eficaz con nuestro entorno, ya sea alumnado, compañeros, familias, etc. Se trata, en mi opinión, de no dar por supuesto nada y de tratar de emplear todos el mismo lenguaje para saber en cada momento de qué estamos hablando y en qué fase estamos durante el desempeño de nuestro trabajo. Para ello, por supuesto, cabe favorecer el diálogo (al menos profesional) con el resto de miembros de la comunidad educativa.

Un cuarto punto elemental reside en mostrarnos flexibles y abiertos a nuevas posibilidades y enfoques. La nuestra, la docente, es una profesión que precisa de una planificación más o menos rigurosa, pero no siempre todo puede estar “atado y bien atado”, no podemos convertirnos en esclavos de nuestra programación de turno. Trabajamos con personas y las personas tienen problemas, aciertos y errores, malas y buenas temporadas... En definitiva, se trata de mostrar cintura y flexibilidad para adaptarnos a situaciones cambiantes y, por tanto, ser más eficaces, eficientes y justos.

En quinto lugar, pienso también en compartir como otra buena estrategia, seguramente relacionada con la comunicación y el diálogo, para establecer un sistema de relaciones sano y equilibrado. Compartir dudas, también certezas, informaciones, retos o situaciones problemáticas permite fortalecer los equipos de trabajo y crearnos una red de seguridad que tarde o temprano vamos a necesitar. Porque en educación me parece que no sale a cuenta ir de llanero solitario.

Y, por último, me parece que el sentido del humor puede resultar una pieza clave en el desarrollo de la profesión docente. Y el sentido del humor empieza por aplicárselo a uno mismo, quitarse importancia y saber reírse de los defectos y errores propios. Además, también permite quitar hierro a determinadas cuestiones, relativizar y oxigenar algunas situaciones que de lo contrario pueden enquistarse y dar lugar a situaciones ciertamente desagradables.

En fin, algunas obviedades que me parece que a menudo quedan olvidadas y sepultadas bajo un sinfín de instrumentos de evaluación, grandilocuentes objetivos didácticos, novedosas metodologías didácticas y demás requerimientos administrativo-burocráticos. Pues, eso, que lo mismo tendríamos que dedicarnos un pelín más a la cuestión humana. O no. (?)


jueves, 5 de abril de 2018

La dimensión desconocida

Leo L'aneguet lleig (El patito feo), el último post de Joan Padrós, director del CFA Palau de Mar, y no puedo estar más de acuerdo con él. Es una idea que de vez en cuando vamos dejando caer por aquí y que otros blogs como los de los compañeros Josep Miquel Arroyo o Quim Balaguer también reflejan a menudo: la de que las administraciones educativas no acaban de poner la atención y, sobre todo, los medios que necesitamos desde los centros de adultos para desarrollar nuestro trabajo de manera óptima. De hecho, el nombre del blog de Quim es bastante claro al respecto: La germana pobre i lletja (La hermana pobre y fea). Como diría aquel, "no hase falta desir nada más". 

Lo triste es que no solo las administraciones educativas olvidan o relegan a un segundo plano a la educación de personas adultas. También lo hacen iniciativas supuestamente renovadoras e innovadoras, de las cuales cabría esperar algo más de atención y de comprensión, máxime cuando en los centros de adultos acabamos sufriendo de primera mano el fracaso del sistema educativo en sus etapas obligatorias. Y es que cuando te dan constantemente con la puerta en las narices uno se acaba hartando.

También es cierto que hay administraciones que se esfuerzan por apoyar y arrimar el hombro. En Cataluña, por ejemplo tenemos una red de centros municipales que, mejor o peor, con más o menos criterio, hacen inversiones importantes para mantener espacios de formación de personas adultas. Cabe, pues, ponerlo en valor. Pero hay que exigir, también, que esa inversión en recursos se haga de manera sostenible, con criterios estratégicos y dando respuesta a las necesidades del entorno.  Y que las administraciones provinciales, autonómicas y estatales apoyen y den soporte económico y humano a estos proyectos.

Mientras tanto, desde los centros de adultos seguiremos buscándonos la vida para conseguir los recursos necesarios para atender a nuestro alumnado de manera óptima. No podemos hablar de una educación de segunda división, de ningún modo. En la educación de personas adultas, como en cualquier otra etapa educativa, existen excelentes profesionales que desarrollan proyectos pedagógicos y educativos impresionantes y vitales para sus comunidades. Sí, no obstante, podemos hablar de una educación ubicada en una dimensión paralela, donde a menudo no se tienen en cuenta las necesidades ni, sobre todo, las demandas concretas y específicas que realizamos desde los centros de adultos

Pues eso, seguiremos perserverando, dando la matraca y explicando nuestras necesidades y demandas a quien nos quiera escuchar. ¡Seguro que encontraremos a alguien dispuesto a dejarse "enredar"! 😉





miércoles, 28 de marzo de 2018

Out of the office

Pues nada, cerramos el chiringuito y descansamos unos días. O al menos lo intentaremos. Disfrutad de vuestras vacaciones, los que las tengáis, y nos vemos por aquí DE VUELTA en breve. ¡Besos!😚


Tres cosas (más) que pediría al Departament d'Ensenyament para la educación de personas adultas

Hace unas semanas mi amigo Josep Miquel Arroyo escribía este artículo donde realizaba tres grandes peticiones-sugerencias al Departament d'Ensenyament en relación con la formación de personas adultas. Josep Miquel proponía tres grandes ejes de actuación: la remodelación del curso de educación secundaria para adaptarlo a los nuevos tiempos, realidades y perfiles del alumnado adulto; la ampliación de la inversión económica formativa y humana; y, por último (y quizás lo más importante) el compromiso real y efectivo por parte del Departament con el concepto de aprendizaje a lo largo de la vida.

Por supuesto que firmo en todas la propuestas del amigo Arroyo. Sin duda. Seguramente se trata de los tres grandes ejes sobre los que cualquier administración educativa del país podría ponerse manos a la obra. Formación, nuevos recursos y replantearse según qué formaciones no parece un mal plan de trabajo. No obstante, pensaba en proponer otros tres puntos que quizá concreten, complementen y enriquezcan las ideas plantedas por Josep Miquel. Así pues, aquí van las propuestas de un servidor.

En primer lugar, y viendo la deriva cada vez mayor de alumnado derivado desde los centros de educación secundaria hacia las escuelas de adultos, no sería mala idea analizar causas y consecuencias de este desembarco creciente. Es cierto que cada centro es un mundo y que la realidad de la educación de adultos es muy diversa. Seguramente existen entornos rurales donde esta tendencia es prácticamente nula. No obstante, parece evidente que en contextos urbanos, y especialmente en entornos socialmente desfavorecidos, este trasvase está siendo cada vez más destacado. Y creo que, salvo excepciones, no se está trabajando de manera coordinada desde los centros de adultos y desde los institutos de educación secundaria para afrontar esta situación. Quizá sea aquí donde el Departament d'Ensenyament  (o la administración educativa de turno) debiera establecer estrategias para impedir que los centros de adultos se conviertan simplemente en un contenedor donde enviar al alumando que por diversos motivos no finaliza etapa o no consigue cumplir objetivos en los institutos

En segundo lugar, y concretando la propuesta de Josep Miquel de incrementar la inversión en recursos, me parece imprescindible dotar a los centros de educación de personas adultas de equipos de asesoramiento, orientación y apoyo psicopedagógico. No todo, claro, pero una parte significativa del alumnado que llega a los centros de adultos requiere de atención y apoyo educativo individualizado. En muchos casos se trata de estudiantes que no han tenido una experiencia educativa grata en su pasado y que, a menudo, presentan necesidades educativas especiales. Resulta imprescindible, pues, contar con equipos profesionales que detecten estos casos de necesidades especiales y que acompañen a docentes y a estudiantes en su trabajo diario. Me consta que algunos centros cuentan con preofesionales de apoyo, pero se trata, sin duda, de casos excepcionales (al menos por estas latitudes).

Y por último, me parece imprescindible, también, iniciar una campaña de visibilización y, sobre todo, de potenciación de la educación de personas adultas. Y no solo me refiero a anuncios televisivos o campañas en los medios, que también. De hecho,  ya se están llevando a cabo campañas mediáticas, más o menos acertadas, que promocionan la oferta de los centros de formación de personas adultas. No obstante, conociendo la realidad y el trasfondo de varias comunidades autónomas donde esto se está llevando a cabo, me parece que tras esas campañas de visibilización mediática no existe una verdadera política de potenciación de la educación de adultos. Para ello, cabe detenernos a revisar las verdaderas necesidades de la población, disponer los recursos necesarios y trabajar a medio-largo plazo para potenciar la educación de personas adultas como el espacio generador de nuevas oportunidades que, sin duda, ha sido y continúa siendo para miles y miles de personas durante cada curso escolar. Así pues, más importante que cualquier anuncio televisivo o cualquier otra campaña mediática resulta tener claros los objetivos y las necesidades a cubrir y disponer los recursos adecuados para conseguirlos. ¿Visibilización? Por supuesto, pero con trabajo de fondo detrás.

Pues nada, aquí van mis propuestas para la educación de adultos. ¿Por qué no te animas y compartes las tuyas? Hazlo en comentarios o, si lo prefieres, en Twitter con la etiqueta #3cosasfadultos. ¡Lo mismo hasta alguien nos atiende! 😏



sábado, 24 de marzo de 2018

Los alumnos de sociales hacen cosas

Cerrando el primer trimestre publicamos por aquí el post Los profes de sociales hacen cosas, donde hacíamos un repaso más significativo de los proyectos llevados a cabo durante el primer trimestre en los módulos de sociales. Pensándolo un poco, y analizando quién hace qué, he pensado en cambiar un poco el título porque lo cierto es que los que han hecho cosas son, más bien, mis alumnos y alumnas, así que un poco de justicia para ellos y empezamos el repaso de lo trabajado durante este trimestre en el curso de graduado en educación secundaria para personas adultas.

 

En Geografía I hemos dados la vuelta al mundo. Así, a lo loco. Iniciamos la asignatura definiendo entre todos los criterios de nuestra propia vuelta al mundo y nos lanzamos a ello. Los resultados, en general, han sido muy positivos, así como la valoración mayoritaria del alumnado. Como aspectos de mejora, se me ocurren acotar los puntos de estudio (el trabajo puede haber sido excesivamente ambicioso para la duración del módulo) y guiar más concienzudamente los puntos de interés de cada país (aunque esto dependerá de la autonomia y criterio de los estudiantes). Además del proyecto, claro, hemos trabajado conceptos elementales de la materia y nos hemos dado más de un paseo por la geografía peninsular. Los resultados del proyecto puedes encontralos aquí.

Por su parte, en Geografía II hemos vuelto a repetir con el #ProyectoFIB (Felicidad Interior Bruta). La idea es trabajar los contenidos del módulo de geografia social y económica desde una perspectiva práctica mediante la creación de estados-países ficticios que generen felicidad entre su ciudadanía.  El proyecto se alterna con la presentación de contenidos por parte de un servidor y con sesiones de repaso-clarificación de conceptos (más o menos) gamificadas. Hemos descubierto Plickers y la verdad es que a los alumnos les ha encantado (y a mi me ha permitido olvidarme los problemas de conexión que a menudo me ha dado Kahoot). En fin, un buen trabajo pero con resultados muy desiguales. El año que viene va a haber cambios significativos. Aquí los resultados.

Y por último, en Arte y artistas, también hemos trabajado un montón. El alumnado ha presentado más de 20 Pechakuchas sobre un abanico de obras de arte seleccionadas previamente. Se ha dado un espacio importante al colectivo de mujeres artistas, normalmente arrinconado en los planes de estudio artístico, y me temo que de cualquier especilidad. Así pues, hemos estudiado obras de Artemisia Gentileschi, Sofonisba Anguissola, Frida Khalo, Camille Claudel, Louise Bourgeis, Lluïsa Vidal, Rosa Bonheur o Nikki de Saint Phalle. En breve intentaré colgarlas en el blog de aula (tuvimos un problema y se cayeron todas). En general, un muy buen trabajo que nos ha permitido trabajar la exposición oral, el gusto artístico y, obvio, temas de igualdad y coeducación. Aquí abajo, un par de ejemplos.

https://docs.google.com/presentation/d/1XtYxcKYDrbM6JPWEh_3kfgn5U4KFPr_FbOxHMy4QAhU/edit?usp=sharing

https://docs.google.com/presentation/d/1YKBQwUovV6ql4MOxwawmdyb2eLbk6SzL2jp6nzJaICE/edit?usp=sharing

Además, también desde el módulo de arte, contribuimos a la exposición organizada por el centro para la Biblioteca Municipal programada para el día 8 de marzo sobre mujeres relevantes en distintos campos profesionales. Cada alumno investigó sobre una artista y elaboró su propio cartel. La actividad culminó con el montaje de la expo en la Biblioteca Municipal, donde estará todo el mes de marzo de 2018. Más detalles del proyecto aquí.



Por último, aprovechamos también para leer la obra de Chimamanda Ngozie Adichie Todos deberíamos ser feministas y realizamos una sesión de club de lectura trabajando algunos de los aspectos más relevantes que aparecen en la obra. En definitiva, un módulo opcional muy intenso e interesante.

Pues esto es, más o menos, lo que hemos trabajado durante estos tres meses. Mucho trabajo realizado y todavía más por delante. Y a vosotros ¿cómo os ha ido el trimestre? ¡Contadme por aquí!

viernes, 9 de marzo de 2018

Ayer fue el Día internacional de la mujer

Hoy es 9 de marzo. Después del tsunami de manifestaciones, exposiciones, marchas, actividades, lecturas de manifiestos y eventos más o menos multitudinarios hoy volvemos al día a día, el escenario donde se decide todo. Lo digo, humildemente, para que no se nos olvide el asunto: y el tema es que la mitad de la humanidad vive en una situación de desigualdad flagrante en múltiples ámbitos. Y es que ayer uno escuchaba a políticos, empresarios, representantes sindicales y demás miembros de la sociedad civil y no entiende cómo seguimos como estamos si tan convencidos estamos todos de la necesidad de cambiar el modelo. 

Pues lo dicho, hoy es 9 de marzo. Seguro que ayer en tu centro leísteis algún manifiesto, inaugurásteis alguna exposición o celebrásteis un evento x con motivo del día internacional de la mujer. Genial. Fantástico. Pero estaría mucho mejor que hoy, 9 de marzo, y mañana y todos los días del resto del curso lo tengamos bien presente. Y es que uno se huele que el cambio va a penir picando piedra, en plan gota malaya, porque muchos (cada vez más) sabemos que falta nos hace. Recupero, pues, en este sentido, algunas  ideas planteadas en Educación para igualdad: lista de tareas pendientes para trabajar en las aulas la cuestión desde la realidad del día a día y lejos de los fuegos de artificio de los "días internacionales de", los cuales, siendo necesarios (qué duda cabe), me temo que no van a bastar para erradicar un orden y un sistema injusto y discriminatorio hacia la mujer. Pues eso, que aquí van las propuestas. Espero aportaciones, críticas y, sobre todo, que todas las reivindicaciones de ayer sirvan para que hoy y el resto de días tengamos bien presente la necesidad de trabajar en este sentido.
  1. Visibilizar el trabajo de las mujeres desde el currículum académico. Un ejemplo. El estudio de la educadora e investigadora Cécile Barbeito Observatori de llibres de text. Anàlisi de la didàctica de les ciencies socials des d'una perspectiva de pau (2017) publicado por el Institut Català Internacional per la Pau detectó que un 93% de los personajes que aparecen en los libros de texto de tercero de la ESO con nombres y apellidos son hombres. Y del porcentaje correspondiente a las mujeres, un 35% no consta por su propio papel, sino como mujer, madre o hija de un hombre. ¿Un 93%? 😖 Me temo que no estamos haciendo un tratamiento demasiado equitativo de la cuestión. Y es que el papel de las mujeres en TODAS las disciplinas académicas presentes en los currículos de turno es, me parece, superior a ese 7% que refleja el estudio en cuestión. Seguro que, en este sentido, podemos hacer mucho por sacar a la luz todo ese trabajo sepultado por el peso del "currículum masculino".  
  2. Crear líneas de trabajo conjuntas para visibilizar y atacar la cuestión de la desigualdad. Se trata de superar el esquema de trabajo individual (y a menudo invisible) en el aula para desarrollar iniciativas colectivas que profundicen en el análisis, reflexión y denuncia. Sin duda, el trabajo transversal y en red entre los miembros de la comunidad educativa va a ofrecer resultados más potentes y efectivos que las acciones individuales que podamos llevar a cabo. Así pues, no parece una mala idea bien sumarse a las propuestas desarrolladas por el resto del equipo, bien comunicar las propias iniciativas para conseguir nuevos socios que las potencien y enriquezcan.
  3. Insistir en la celebración de actividades de concienciación contra la desigualdad. Aunque, a veces, los resultados sean frustrantes y generen la sensación de batalla perdida. No son pocas las propuestas de concienciación que afrontamos desde la absoluta motivación y que acaban, si no como el rosario de la aurora, sí con comentarios, actitudes y reflexiones muy alejadas de los propósitos de la actividad (normalmente, claro, por parte del público masculino -aunque no solo). Bien, cabe seguir plantando batalla y no desistir ante la respuesta de determinados colectivos. De hecho, es precisamente esa respuesta la que debe seguir motivándonos a continuar programando y pensando nuevos modos de trabajar.
  4. Seguir formándonos como agentes de cambio contra la desigualdad. Leyendo, estudiando, atendiendo cursos y formaciones, contactando con asociaciones y/o otros centros que estén trabajando en propuestas concretas... Son muchas las vías para ampliar nuestro bagaje en términos de educación para la igualdad, si bien es cierto que son las distintas administraciones educativas quienes deberían potenciar este aspecto con formaciones prácticas  accesibles al conjunto del profesorado.
  5. Huir de los clásicos estereotipos de género (también) en el ámbito escolar. Es decir, esa visión tradicional del asunto que categoriza a las chicas como "buenas, tranquilas, ordenadas y pulidas" y a los chicos como "fuertes, rebeldes e irracionales". Y es que, aun siendo conscientes de la limitación y de la simplificación que suponen, quizá contribuimos de manera inconsciente a su perpetuación más a menudo de lo que creemos. De hecho, existen numerosos estudios que apuntan que la existencia de estos juicios escolares tiene una influencia notable en el día a día del aula en términos de qué y cómo se enseña, en cómo el profesorado se relaciona con su alumnado, en cómo se organizan los espacios escolares o en la propia concepción que tienen los docentes sobre las habilidades y disciplinas más o menos "femeninas". Esto último tiene una clara repercusión en las trayectorias formativas y profesionales de los jóvenes una vez acceden a estudios superiores. ¿Cómo se explica, de lo contrario, la reducida matrícula general de mujeres en estudios de ingeniería o de arquitectura, por ejemplo?
  6. Comprender nuestras propias autolimitaciones. Porque hemos sido educados en una sociedad con roles de género muy determinados y podemos, sin quererlo, estar contribuyendo a su reproducción. Para evitarlo, pues, debemos autoanalizarnos (sin caer en la paranoia, claro) y tratar de erradicar aquellas conductas y/o pensamientos que no se ajusten a la filosofía de educación para la igualdad que queremos promover. Para ello resulta imprescindible que reconozcamos el sistema de desigualdad imperante y los mecanismos de corrección de la misma. (Aquí volver al punto 4)
  7. Identificar la educación para la igualdad como innovación (de la buena). Porque no hay innovación más potente que aquellas acciones que contribuyen a erradicar situaciones de desigualdad entre las personas. Así pues, habrá que ubicar la cuestión en la lista de tops to-do y, en consecuencia, dedicarle el tiempo y los recursos necesarios para trabajarla en condiciones.
  8. Utilizar materiales alternativos, ajenos a prejuicios excluyentes por cuestiones de género pero también de nacionalidad, edad, religión, etc. Y es que parece claro que muchos materiales pueden pecar de responder a prejuicios y/o estereotipos no tanto por las ideas que muestran (que también) sino por los contenidos o perfiles que omiten.  Porque de todos es sabido que lo que no se nombra no existe. No parece mala idea, pues, hacer una selección de materiales que contribuya de manera efectiva a la sensibilización del alumnado.
  9. Hacer de la educación para la igualdad una cuestión del día a día, que supere el marco habitual de los Días de... para pasar a ser una cuestión estratégica en la gestión del aula y de los centros. 
  10. Atender la cuestión de la igualdad también desde el lenguaje. Y no me refiero tanto al hecho de usar la @ o la x en los plurales, o de doblar constantemente masculino y femenino, sino de tratar de no reproducir las desigualdades de género existentes mediante el uso del lenguaje. Quizá se trate, tan solo, de aplicar un poco de sentido común al asunto y ponerle atención a las palabras que nos nombran para que siempre estemos representados hombres, mujeres y los distintos colectivos que forman nuestra sociedad. A poco que nos esforcemos, creo que podemos hacerlo mucho mejor también en este sentido.
  11. Y por último, (bonus track para el sector masculino), escuchar más, hablar menos, reflexionar más sobre la cuestión y, sobre todo, pasar a la acción.

lunes, 5 de marzo de 2018

Por qué la innovación no arraiga en el sistema educativo (modestia aparte)

Hace unos años que las redes sociales van llenas de propuestas innovadoras llevadas a cabo por docentes de todo el país en distintas etapas y ámbitos educativos. De hecho, a juzgar por la proliferación de proyectos y actividades innovadoras publicadas por aquí y por allá, cualquiera podría pensar que nos hallamos ante un sistema educativo dinámico, activo y versátil. En una palabra: innovador. Pero, claro, una cosa son las redes sociales y otra la vetusta realidad.

Y es que, a pesar de que cada vez más docentes se animan y se lanzan a investigar con propuestas innovadoras o, cuando menos, alternativas, me temo que no podemos afirmar que la innovación educativa sea una realidad en centros y aulas a lo largo y ancho del país. Al contrario, un servidor tiene la sensación de que esta innovación no arraiga en el sistema educativo por, entre otras cosas, los motivos que se apuntan a continuación:
  • Porque tenemos un sistema educativo que no favorece la cooperación entre los centros educativos sino (me temo) la competencia.
  • Porque la creciente carga de trabajo burocrático impuesta por las administraciones educativas de turno frena la voluntad de los docentes para investigar y formarse en nuevas metodologías.
  • Porque, a menudo, la innovación educativa toma formas y apariencias un tanto elitistas que la alejan del común de los docentes.
  • Porque existe poca transferencia de buenas prácticas entre docentes, centros y etapas educativas. No hablamos aquí de comunicación y/o visibilización de experiencias, sino de transferencia real y puesta en práctica.
  • Porque la estructura del sistema educativo, plagado de minas en forma de reválidas varias, constituye un freno para muchas propuestas innovadoras. 
  • Porque muchos centros tienen dimensiones excesivas que dificultan el arraigo de una cultura colaborativa entre los equipos. ¿Cómo cohesionar centros con miles de alumnos o claustros con cien, ciento y pico docentes?
  • Porque, seamos sinceros, una parte importante del colectivo docente vive, si no de espaldas, sí al margen del debate sobre la innovación.
  • Porque en muchas ocasiones los equipos docentes son inestables y con una movilidad tal que resulta difícil establecer proyectos a medio-largo plazo.
  • Porque la innovación educativa no contribuye de ninguna manera a la mejora de la carrera docente. Si es que podemos hablar de carrera docente...
  • Porque la innovación educativa, hoy en día, genera más discusión que consenso en el ámbito de la educación.
  • Porque necesitamos clarificar el propio concepto de innovación y llegar a acuerdos sobre cómo (o si) nos interesa trasladarla a la realidad de los centros.
  • Porque no existe una planificación estratégica por parte de la administración (o al menos un servidor no la percibe) en temas clave como la formación del profesorado y la reforma del sistema educativo.
  • Y, un clásico y quizás lo más importante, porque a menudo tenemos ratios excesivas, poco tiempo y escasos recursos para plantearnos algo más que salir del paso como podamos.
En definitiva, algunas ideas sobre las posibles causas que pueden hacer que la innovación no se consolide en nuestros centros educativos. ¿Estás de acuerdo?, ¿tienes en mente algún otro motivo? ¡Compártelo por aquí!

martes, 27 de febrero de 2018

5 motivos para reforzar las relaciones entre los institutos de educación secundaria y los centros de formación de personas adultas

Hace unos días publicaba este tuit (perdón por la autocita, otra vez):


Y es que quizá habrá que hacer un pensamiento. Es un hecho constatado que muchos centros de formación de personas adultas están recibiendo un desembarco masivo de chicos y chicas, cada vez más jóvenes, que vienen (en principio) a retomar sus estudios y a continuar con su formación. Es cierto, también, que esto siempre ha sido así; los centros de adultos siempre han asumido parte del fracaso escolar de la enseñanza secundaria, aunque intuyo que de un tiempo a esta parte esta tendencia se ha intensificado de manera significativa. De hecho, nuestro centro es, en este sentido, claramente representativo. A día de hoy, contamos con aproximadamente un 50 por ciento de alumnado menor de 25 años, del cual un 20 por cierto es, directamente, menor de edad. Se trata, además, de una tendencia que parece que se va a prolongar en los próximos años, así que habrá que ir acostumbrándose. 

Ahora bien, no podemos permitir que este trasvase de alumnado se convierta en una simple manera de trasladar un problema de una etapa educativa a otra. No digo con esto que los institutos de educación secundaria lo estén haciendo de este modo, aunque de todo habrá, pero sí que si no existe una red de trabajo conjunta y coordinada entre ambas etapas educativas esta tendencia puede llegar a colapsar, si no lo está haciendo ya, algunas formaciones de los centros de adultos. Pienso sobre todo en la educación secundaria obligatoria y los cursos de preparación de pruebas de acceso a ciclos formativos. Así pues, aquí van cinco motivos por los cuales considero que haremos bien en empezar a trabajar de manera coordinada con los institutos de educación secundaria de nuestra área de influencia. 

En primer lugar, para informarnos del alumnado que nos llega. Seguro que gran parte de nuestro alumnado más joven viene derivado de los institutos de educación secundaria de la zona. Y lo más probable es que si no han podido culminar con éxito la educación secundaria existan toda una serie de condicionantes (personales, académicos, etc.) que seguro que nos conviene conocer. Es cierto que en muchas ocasiones un simple cambio de ambiente puede desencallar determinadas problemáticas de aprendizaje pero, en cualquier caso, conocer el historial académico y personal de este alumnado más joven  puede ser enormemente interesante y, en este sentido, en los IES podemos hallar información valiosísima. Nos conviene, pues, coordinarnos con los institutos y establecer reuniones para conseguir hacer este traspaso de información que nos permitirá atender mejor a nuestro alumnado.

En segundo lugar, para dar a conocer nuestra oferta formativa y nuestros servicios. Ya que tenemos esta oferta desplegada y que contamos con atender a este alumnado, vamos a trabajar para ofrecerla y promocionarla in situ en los centros de secundaria. Los centros de adultos, además, desplegamos toda una serie de programas y de servicios complementarios que pueden ser enormemente útiles y atractivos para este tipo de alumnado. De hecho, la educación permanente se convierte en una nueva puerta de acceso para estos chicos y chicas que salen quemados de la secundaria o incluso de etapas superiores. Así pues, parece interesante acudir a los institutos a explicar qué hacemos y cómo trabajamos. 

Además, los centros de adultos son fuente también de importante información para los institutos de educación secundaria. Muchos de los estudiantes que abandonan los IES acuden luego a los centros de adultos e incian una nueva etapa formativa, a menudo, exitosa. Esta comunicación bidireccional puede ofrecer importante información a los IES sobre la evolución futura de su alumnado para analizar su práctica y reconducir determinadas prácticas (si fuera el caso).

En cuarto lugar, conviene que los institutos de educación secundaria sepan cómo trabajamos, cuáles son nuestras principales problemáticas y necesidades, cuáles nuestros puntos fuertes. Conviene también, que sepan que no somos un aparca-alumnos, que en los centros de educación para adultos no se producen milagros (bueno, a veces casi 😎) y que son espacios que pueden ser enormemente válidos para recuperar a gran parte del alumnado, pero que no todo el mundo puede ser derivado a un centro de educación para personas adultas. Para ello conviene, pues, que nos conozcamos mutuamente y que nos ayudemos a trabajar de manera coordinada. Me consta que de estas colaboraciones surgen iniciativas e intercambios de enorme valor académico y organizativo.

Y, por último, porque el trabajo en red siempre funciona. Si compartimos, en algunas etapas y formaciones, el mismo perfil de alumnado parece mucho más inteligente sumar esfuerzos que no ir cada uno por su lado. Así pues, podemos buscar estrategias de trabajo colaborativas, crear proyectos conjuntos o contribuir a la orientación académica de distintos perfiles de estudiantes. 

Se trata, en definitiva, de ofrecer respuestas a nuestro alumnado apoyándonos en todos los agentes de nuestro entorno y, en este sentido, los institutos de educación secundaria, nos guste o no, constituyen una de las instituciones de referencia para la educación permanente por la relación directa que existe entre nuestra oferta académica y la suya. Pues venga, ¡manos a la obra!